Lázaro mendigo / Blas de Otero

    «Había un hombre rico que vestía y comía ricamente. Había también un pobre, llamado Lázaro, cubierto de llagas, tendido a la puerta del rico, deseando saciarse con lo que caía de la mesa, y hasta los perros lamían sus llagas»

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Celebrando la Cuaresma y Semana santa, será tiempo para el autoexamen buscando la mayor sinceridad y la mejora evangélica de nuestra vida personal y familiar.

Me llegaron estos versos de Blas de Otero con ocasión de la parábola de Lázaro mendigo, san Lucas c.16. Sentirse perdido, agobiado, pero confiado. Testimonio de fe y dolor, lamento también por una humanidad malherida.

    Salva al hombre, Señor, en esta hora
    horrorosa, de trágico destino;
    no sabe adónde va, de dónde vino
    tanto dolor, que en sauce roto llora.

    Ponlo de pie, Señor, clava tu aurora
    en su costado, y sepa que es divino
    despojo, polvo errante en el camino,
    mas que tu luz lo inmortaliza y dora.

    Mira, Señor, que tanto llanto, arriba,
    en pleamar, oleando a la deriva,
    amenaza cubrirnos con la Nada.

    ¡Ponnos, Señor, encima de la muerte!
    ¡Agiganta, sostén nuestra mirada
    para que aprenda, desde ahora, a verte!

Reflexión:

– Si levantaran sus ojos hasta el costado y el rostro de Jesús crucificado, verán el amor de Dios sin fin por nosotros.
– Si miramos bien, descubriremos en ese rostro tantos otros crucificados de este mundo pidiendo ayuda.

    * Blas de Otero (+1979), representante de la poesía social española, tras una época de grandes inquietudes y temores, encontró por un tiempo en la religión el apoyo necesario, como en la amistad y en el arte.

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‘Canción para Mirar Urgente’ – Salomé Arricibita


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Jesucristo hoy / fe personal

Recordarán aquella respuesta de un conocido cuando le preguntaron:

    – Padre Arrupe ¿Quién es Jesucristo para usted?
    – Mire, para mí Jesucristo lo es todo.

Así lo pensaron muchos: Jesucristo es todo para nosotros, nuestro tesoro y bienaventuranza, la fuente de agua viva.

    – ¿Cómo conocerlo, amarlo y servirlo hoy, en un ambiente de indiferencia?
    – ¿Mi experiencia está activa o adormecida, es fe infantil o fe adulta?

Se trató de la necesaria actualización de la fe, sugerida al oír comentar que ‘María de Nazaret guardó todo esto en su corazón’. No en el cajón de los recuerdos, sino en el corazón, donde vive el amor. Una fe personal.

Creer en Jesús Salvador no será solo recordar sucesos del pasado, sino experimentar HOY su fuerza salvadora, su aliento, capaz de hacer más fraterna nuestra vida.

Los redactores de los Evangelios comunicaron la vida y mensaje de Jesús en el pasado, pero su tarea salvadora continúa en el presente, ofrecida HOY en encuentros semejantes:

¤ En la Sinagoga de Nazaret, Jesús enviado para liberar, dar vista a los ciegos y mostrar la gran misericordia: ¡HOY se cumplió la promesa!

¤ En una aldea de Galilea Jesús curó a un paralítico, la gente experimentó paz y alegría honda: ¡Hemos visto HOY cosas admirables!

¤ Encontrar a Jesús en Jericó transformó a Zaqueo, compartirá sus bienes con los pobres. Jesús dijo: ¡HOY ha llegado la salvación a esta casa!

¤ Agonizando en la cruz, ‘Jesús, acuérdate de mí en tu Reino’… ‘HOY estarás conmigo en el paraíso’. El día de nuestra muerte, día de salvación.

Deseando mantener viva la fe, habremos de «guardar en el corazón» su palabra, el compromiso con el proyecto del Reino, escuchando HOY su mensaje, viendo su trabajo, cayendo en la cuenta… ¡Es el Señor!

Así lo resumió san Ambrosio, maestro de san Agustín:

    Todo lo tenemos en Cristo, Cristo es todo para nosotros,
    Si quieres curar una herida, él es el médico,
    si estás ardiendo de fiebre, él es la fuente,
    si estás oprimido por la iniquidad, él es la justicia,
    si tienes necesidad de ayuda, él es la fuerza,
    si tienes miedo de la muerte, él es la vida,
    si deseas el cielo, él es el camino,
    si estás en las tinieblas, él es la luz,
    si buscas manjar, él es alimento.

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+ Dios PADRE nuestro, cuyo HIJO se manifestó en la realidad de nuestra carne, concédenos poder transformarnos interiormente a imagen de aquél que hemos conocido semejante a nosotros en su humanidad. Que también HOY escuchemos su voz, y podamos amarlo y servirlo cada día de nuestra vida.
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Podrán leer más temas sobre Jesucristo en «El Rostro de Cristo», y también en «Jesucristo», eBook, pdf.

La cruz de Cristo | La Saeta

    – El Hijo del hombre sufrirá, será humillado y rechazado.
    – Si quieren seguirme, renunciarán a sí mismos y tomarán cada día su cruz.
    /san Lucas c.9

Enfermedad, muerte, sufrimiento. A la vista de lo que vivimos en seres queridos y en otros de lejos, quise traerles unos deseos sinceros, por la celebración de los Santos y difuntos.

La ocasión llegó tiempo atrás al escuchar aquel evangelio difícil. Alguien imaginó esas palabras duras de Jesús de Nazaret dirigidas a un discípulo indeciso, o a cualquiera de nosotros:

. . Mira, yo padecí y fui rechazado, por mostrar el rostro del Dios vivo, por plantar cara a los maestros de la ley, por tirar muros de egoísmo. Acusado por sumos sacerdotes y ejecutado en una cruz, al tercer día resucité.
. . ¿Tú, qué vas a hacer con tu vida? Si quieres ser mi discípulo, si quieres compartir mi vida y mi pasión, no te pongas en el centro de todo. Pon en el centro a Dios y a tu prójimo, y verás como cambian las cosas.

. . Carga con tu cruz de cada día, ven conmigo. Si quieres guardar tu vida, verás que no tienes nada. Si la regalas, verás que está llena. ¿Para qué ganar el mundo, si te sientes vacío?

    – Cierto, mi vida podré vivirla con amor o con rabia, viendo tanto sufrimiento, con rechazo o con deseo de ayudar, aun con sacrificio.
    – Así me sentiré bien, se encenderá mi luz, la paz que Jesús nos prometió: ‘Reciban mi paz, no teman. Yo vencí al mundo’.

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Vean unos sentimientos de simpatía y complicidad entre el Cristo de la cruz y quien lo contempla con afecto y reconocimiento:

    Él sufre con nuestros sufrimientos
    Está triste por mis tristezas
    Se siente solo con mi soledad
    Abandonado por nuestros abandonos
    Rechazado en nuestros rechazos
    Se siente agredido si agredimos
    Injuriado cuando injuriamos
    Despreciado con nuestros desprecios
    Herido con mis heridas
    Aliviado con nuestras caricias
    Consolado con mi amistad y compañía.

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Recordaré este lindo poema de Antonio Machado, «La Saeta», con letra y música de Joan M. Serrat:

¡Oh, la saeta, el cantar al Cristo de los gitanos, siempre con sangre en las manos, siempre por desenclavar!

¡Cantar del pueblo andaluz, que todas las primaveras anda pidiendo escaleras para subir a la cruz!

¡Cantar de la tierra mía, que echa flores al Jesús de la agonía, y es la fe de mis mayores!

¡Oh, no eres tú mi cantar! ¡No puedo cantar, ni quiero a ese Jesús del madero, sino al que anduvo en el mar!

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(1) Vía Crucis, Cristo bajado de la cruz (13ª) y El Cirineo (5ª), M.Rupnik. ‘Detuvieron a un tal Simón de Cirene y lo cargaron con la cruz, para que la llevara detrás de Jesús’. -s Marcos c.15

(2) Aquí verán reflexión de las «Siete Palabras» de Jesús desde la cruz.

(3) En comentario las 15 estaciones del ‘Via Crucis’ católico.

(4) En comentario el poema «Yo quisiera Señor en tu agonía», meditación de las heridas de Cristo y nuestra respuesta.

Orar con Nicodemo -6 / Quédate, Señor

De nuevo podrán leer aquí unos papeles de oración de Nicodemo, el discípulo de última hora que de noche se interesó por Jesús de Nazaret. Esta vez recordando y celebrando la Ascensión del Señor, Nicodemo rezó en su nueva comunidad. Sintiéndose unido al resto de los creyentes, pedirá con insistencia ‘Quédate con nosotros’. Fue cierto, Jesús dejó el lugar de Dios para hacerse hombre y siervo de todos; ahora tras su muerte y resurrección se le confiesa “sentado a la derecha del Padre”, su nueva situación, su señorío y relación privilegiada con Dios nuestro Padre. Desplazamiento que no es alejamiento, sino presencia y trabajo de fondo por nosotros y con nosotros.

Los discípulos pudieron quedar mirando al cielo, pero son invitados a mirar a la tierra, mirar al futuro y salir en misión. En esa cita misteriosa de Galilea, la principal tras la resurrección, imaginaremos con el grupo de los apóstoles a otros muchos, a José de Arimatea, a la Magdalena, a María de Nazaret y Nicodemo, a los amigos de Emaús. En la montaña de Galilea vieron a Jesús resucitado resplandeciente por su bondad y belleza, mas al punto de ocultarse, como el sol, deslumbrando la última vez. Así oró Nicodemo esta vez, adivinando ya un amanecer:

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QUÉDATE CON NOSOTROS, PORQUE OSCURECE

«Inspirado en aquellos discípulos temerosos de la noche pero ávidos de tu presencia, quiero rezar contigo por todos los pueblos de donde llega a nosotros la presencia de mucha tiniebla de muerte y violencia, pueblos lejanos con gran necesidad todavía hoy de evangelio. Yo pediré con fe: Quédate con nosotros, SEÑOR, acompáñanos porque no siempre supimos comprender y reconocerte. Quédate con nosotros, Jesús amigo, porque nos rodean densas sombras que nos impiden ver bien. Tú eres la Luz, en nuestros corazones se insinúa la desesperanza. Cuesta reconocerte en el pan partido y en el hermano de cerca, resulta difícil amar al enemigo como tú nos mandaste. Cansados del camino, sabemos que tú nos reconfortarás. Deberemos ser testigos de la vida resucitada, nueva vida, amanecer de una humanidad nueva. Quédate con nosotros, Señor, cuando surge la niebla de la duda o el peso del cansancio; cuando la fe se oscurece y cuesta adivinar el horizonte. Tú nos explicarás paciente también ahora el sentido de cuanto sucede. Quédate en nuestras comunidades, sostenlas en sus dificultades, dales consuelo en su cruz y penalidades, en su fatiga de cada día. Fortalece nuestra natural debilidad, engrandece nuestra humillación. Tú que eres la VIDA, quédate en nuestros hogares, que se ame y respete siempre con generosidad la vida de todos. Quédate, Señor, con nosotros presente entre los más vulnerables, en los más pobres y los enfermos incurables, entre los emigrantes y refugiados, en las mujeres maltratadas y en los ancianos abandonados, en los que perdieron la esperanza. g-artur-24Quédate, Señor, con nuestros niños y nuestros jóvenes, bendícelos con tu luz, ellos serán la esperanza del Reino para el mundo. Fortalece en todos nosotros la fe en ti.

    Todo mi corazón, ascua de hombre,
    inútil sin tu amor, sin ti vacío,
    en la noche te busca;
    le siento que te busca, como un ciego
    que extiende, al caminar, las manos llenas
    de anchura y de alegría.

Queremos ser ahora tus amigos y discípulos incondicionales. Con la experiencia de encontrarte en nuestro camino y en el partir el pan, seremos gracias a tí misioneros valientes, testigos que anuncian la buena noticia con obras y de verdad. Tú eres la Buena noticia, ¡Jesús vive, es el Señor, él será nuestra paz y alegría para siempre! Tú nos llamas de nuevo y nos envías. Gracias. Adiós, Señor, hasta otro día.»
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En comentario verán la linda y sencilla poesía ‘Quédate’ de Rodríguez Olaizola.
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El pastor, Juan de la Cruz

Un apunte sobre san Juan de la Cruz,  buscando entender su mística y poesía desde nuestra experiencia afectiva, pues en casi todo lo divino lo humano será la referencia.

La experiencia descrita en el poema «El pastorcico» será equivalente al «Cántico espiritual»: la tristeza por la ausencia del amado/a, el dolor por la lejanía y olvido, la búsqueda y espera infinitas del pastor.

Su soledad y pena durarán, mas el amor herido sanará, siendo al fin desde el árbol de la cruz amor eterno.

Hojas de arce en otoño

«Un pastorcico solo está penado,
ajeno de placer y de contento,
y en su pastora puesto el pensamiento,
y el pecho del amor muy lastimado.

No llora por haberle amor llagado,
que no le pena verse así afligido,
aunque en el corazón está herido;
mas llora por pensar que está olvidado.

Que sólo de pensar que está olvidado,
de su bella pastora con gran pena
se deja maltratar en tierra ajena,
el pecho de el amor muy lastimado.

Y dice el pastorcico: ¡Ay, desdichado
de aquel que de mi amor ha hecho ausencia
y no quiere gozar la mi presencia,
y el pecho por su amor muy lastimado!

Y al cabo de un gran rato, se ha encumbrado
sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos
y muerto se ha quedado asido dellos,
del pecho de el amor muy lastimado».

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«Lleva la cruz abrazada y apenas la sentirás, porque la cruz arrastrada es la cruz que pesa más», dirá una saetilla carmelita.

Podrán aquí escuchar el canto ‘El pastorcico’, Jesed, México:

Orar con Nicodemo -5 / El amor venció

Nicodemo explicó el secreto del gran amor de Jesús por todos: es el Padre Dios quien nos ama así con un amor eterno, desde siempre y para siempre, como de grande es el corazón del hijo Jesús. La preocupación del viejo discípulo será esta vez que no queden archivados el mensaje y la persona del Salvador. Recordará con emoción su primer encuentro con el Cristo ya resucitado, pero teme asimismo olvidar y perder ánimo.

A Nicodemo le preocupa proceder con sinceridad, ‘en espíritu y en verdad’, que su fe sea honda y personal. Recupera confianza cuando piensa en la promesa de Jesús a los discípulos: ‘El Padre y yo viviremos cada día con ustedes, hasta el final’. Serán impresiones de un discípulo en otro tiempo fariseo, ahora decidido por el nuevo camino.

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EL AMOR VENCIÓ AL ODIO

«Señor, gracias por tu repetida invitación a que tengamos paz, tu primer regalo tras la resurrección, la paz que tú nos das vale más que un tesoro. Cada día al levantarme, cuando amanece el Sol luminoso, te recuerdo. Temo olvidar tu aspecto y tus palabras cuando te dirigiste a mí viéndome triste por tu ausencia: ‘Nicodemo, anímate, la Paz contigo. No olvido tu presencia y ayuda junto a la cruz y en el sepulcro. No temas, amigo, la Vida ha superado a la Muerte, el Amor al Odio. Sé feliz, sé valiente, que mi amistad y mi Paz te acompañen siempre. Nicodemo, no me olvides, cuento contigo’. La Paz, el AMOR, la Esperanza, la Vida, cuatro fuertes columnas para reconstruir mi vida, la vida, y mantenerla firme. Al recordar tu rostro transfigurado, confieso que tú eres la fuente de toda consolación, tú curas mi pena y desespero junto a tu cruz, como en la cruz de cada día. Señor, yo creo en ti, quiero vivir de ti, vivir de tu vida. Pasaré de la muerte a la vida si amo de verdad, más con las obras que solo de palabra. ¿Amar? Amor es generosidad, paz, sacrificio, confianza, libertad, alegría y bondad.

Tus discípulos trabajaremos juntos día y noche en lo que tú quieres: un mundo recuperado, justo, pacífico y fraterno, sin odios ni violencia. La fuerza de tu Espíritu que nos prometiste, que sin cesar nos ofreces, vencerá en nosotros cualquier miedo y natural egoísmo, amansará el afán de poseer y de dominar que continúan tentadores y vivos también en tu comunidad. Según tu deseo y tu promesa, queremos vivir libres, unidos, el Espíritu, el Padre, contigo y nosotros, en una casa común, plural y universal, donde todos sin faltar ninguno tendremos un lugar, y el calor y alimento necesarios. La casa donde habitaremos Dios y nosotros es el mundo, este mundo, cada día más un cielo con tu ayuda, el Reino de Dios, el sueño del Creador por fin realizado, la nueva creación, la humanidad al fin restaurada. Contigo será posible, porque has vencido a la muerte, sin ti no podemos nada. No olvidaré que a tus discípulos llamaste, y ahora nos llamas, amigos. No nos dejes solos, estate siempre con nosotros, según tu promesa. Adiós, Señor, hasta otro día.»

Miradas al Cristo, la pasión

Les pondré por estas fechas un soneto y su canto de Pasión para acompañar con afecto y sentimiento en el ir y venir de cofradías e imágenes de Semana santa. Una invitación a contemplar con el corazón en la mano la sincera impotencia y el propio pecado, con deseos de corresponder y no defraudar al amor así ofrecido.

A JESÚS CRUCIFICADO

«Delante de la cruz, los ojos míos
quédenseme, Señor, así mirando
y sin ellos quererlo estén llorando
porque pecaron mucho y están fríos.

Y estos labios que dicen mis desvíos
quédenseme, Señor, así cantando,
y sin ellos querer estén rezando,
porque pecaron mucho y son impíos.

Y así con la mirada en vos prendida
y así con la palabra prisionera,
como a la carne a vuestra cruz asida,

quédeseme, Señor, el alma entera
así clavada en vuestra cruz mi vida,
Señor, así cuando queráis me muera».

–Rafael Schez Mazas

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Vean aquí este pequeño comentario sobre las Siete Palabras de Cristo desde la Cruz, «Las 7 palabras».

– Y este popular poema /oración, medieval y anónimo, frecuente en otro tiempo su rezo al final de las Misas. Parece que los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola lo pudieron divulgar. Lo escucharán aquí cantado en su original latino, melodía Nemesio Otaño SJ (+1956).

– Alma de Cristo, santifícame.
Cuerpo de Cristo, sálvame.
Sangre de Cristo, embriágame.
Agua del costado de Cristo, lávame.
– Pasión de Cristo, confórtame.
¡Oh, buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus llagas, escóndeme.
No permitas que me aparte de Ti.
– Del maligno enemigo, defiéndeme.
En la hora de mi muerte, llámame.
Y mándame ir a Ti,
Para que con tus santos te alabe.

Dios es amor / san Juan

Algo más en el blog sobre Dios. A muchos llamó la atención su definición más conocida y atractiva: DIOS es AMOR.

Resultará abstracta según en qué piense uno o adónde mire. Fue una afirmación de la Carta que escribió san Juan, el discípulo amado, como él mismo se llamó.

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    – El Evangelio y los artistas pusieron a san Juan en la última Cena al lado de Jesús, reclinado en su costado, y junto a la cruz muy impactado por la herida de la lanza en el costado.

Decir que ‘Dios es amor’ solo es posible desde la propia experiencia. Viendo lo que san Juan vio, oyendo lo que oyó, conociendo bien a Jesús de Nazaret y lo que hizo :

    – Dio de comer al hambriento, lavó los pies a sus discípulos, sanó al ciego de nacimiento, sacó a Lázaro del sepulcro, convirtió el agua en vino y levantó al paralítico de la piscina.
    – Salvó de la muerte a la mujer pecadora, Juan vio de cerca a Cristo muriendo en la cruz, amando hasta el final, sediento de amor, bendiciendo y perdonando a todos.

Este amor será fuente de paz… Consolar, perdonar siempre, sanar, abrazar. Amar y ser amado así será como resucitar.

Si preguntáramos a alguien, tú qué eres y qué haces, explicará su trabajo de cada día, su familia, su sentido de vida, nos dirá sus proyectos, la necesidad de salud, de cariño…

Si preguntáramos a Dios, ‘Tú qué eres y qué haces’, nos responderá Jesús diciendo:

    – Yo soy amor
    – Yo lo que hago es amar
    – Mi oficio principal amar
    – Quiero dar a conocer mi amor
    – Quiero enseñar a amar
    – Lo que llena mi vida es el amor
    – El amor que doy y el que recibo
    – Todo lo que necesito es amar
    – Lo que espero es amor
    – Todo lo que hago lo hago por amor
    – En todo lo que digo solo pongo amor
    – Yo soy amor.

JESÚS es imagen de Dios, una imagen tan humana donde los discípulos no lograron ver el rostro divino del Padre.

Las situaciones difíciles de la vida nos impidieron ver el amor y la presencia de Dios «Jesús muéstranos al Padre». En la debilidad Dios manifiesta su fuerza.

    «Sean imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivan en el amor», Carta a Efesios c.4.

Él nos acompañó en todo momento, en los días fáciles y los difíciles, siempre a nuestro lado porque es amor, ¡como la suma total del amor de nuestros seres más queridos!

Así lo expresó el soneto de José María Souvirón:

    «Ando por mi camino, pasajero,
    y a veces creo que voy sin compañía,
    hasta que siento el paso que me guía,
    al compás de mi andar, de otro viajero.

    No lo veo, pero está. Si voy ligero,
    él apresura el paso; se diría
    que quiere ir a mi lado todo el día,
    invisible y seguro el compañero.

    Al llegar a terreno solitario,
    él me presta valor para que siga,
    y, si descanso, junto a mí reposa.

    Y, cuando hay que subir monte
    (Calvario lo llama él),
    siento en su mano amiga,
    que me ayuda, una llaga dolorosa.»

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* Imagen: Regreso del hijo pródigo, Esteban Murillo, fragmento. De la serie ‘Obras de misericordia’ que Murillo pintó para la Iglesia del Hospital de la Caridad de Sevilla.
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Ven amado mío – el Evangelio desde Sión


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Orar con Nicodemo -1 / El perdón

– Por la Pascua pasada quise recuperar viejos papeles del personaje evangélico que fue uno mismo hace ya mucho, que brotaron de una espiritualidad de la confidencia. Los deseos de Nicodemo serán los mismos, las expresiones fueron otras, la amistad permanecerá para siempre. Eso es la oración, un diálogo de amistad. Para la ocasión tomaré el estilo apretado, todo seguido sin puntos y aparte. Verán hoy que el buen discípulo, aun cobarde o negador, encontrará siempre al Maestro bien dispuesto al abrazo. Así lo contó esta vez Nicodemo, un discípulo de la última hora.

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EL PERDÓN DE PEDRO

«Antes de los sucesos hablé con Pedro y Juan. Les pareció imposible conseguir que te echaras atrás, aunque tu vida corriera peligro. Te conocían bien, Señor, supieron tu determinación de mostrar a todos que la injusticia mata a los inocentes, que el PADRE quiso explicar así el gran amor que nos tiene, no ahorrando la vida de su propio hijo querido. A mí me pareció excesivo tanto sufrimiento y tanto amor. Quedamos después muy asombrados y también asustados por todo cuanto ocurrió. Todavía me parece oír las palabras dichas desde la cruz: ‘¡No saben lo que hacen, Padre, perdónalos, ellos no saben!’. Siempre disculpando, allá mismo, a tus propios verdugos y a los crucificados contigo, como tú. Ellos fueron sin duda tus primeros rescatados. Tras la muerte y tu resurrección, PEDRO va siempre inquieto buscándote, queriendo saber dónde estás, qué piensas, qué quieres, cómo hacer para agradarte. Él quiso recordar tus mismas palabras y en ocasiones no pudo. Su pecado y tu perdón le cambiaron la vida y su manera de ser, ahora más humilde, comprensivo y bondadoso con todos. Se sintió a veces muy inseguro, en la orilla y en la barca. Si hubo mala racha en el trabajo, lo atribuyó a su propio pecado, ‘Es por mí, yo negué al Maestro, fui un cobarde, fue mi culpa, lo traicioné’. Mas tú, Señor, no quieres la culpa oscura sino la gracia luminosa; tú no quieres el abismo del resentimiento sino el abrazo de la paz y la fiesta del perdón. Tu amor y tu gracia rehabilitaron a Pedro, como a muchas personas.

Perdona hoy también mi falta de fe y sana la herida de mi cobardía en seguirte. Todos nos parecemos un poco a Pedro, muertos de miedo nos cuesta ahora responder por ti, mas al tú mirarnos recobraremos la vida y la palabra. Una mirada tuya, JESÚS, bastará para sanarme. Tú quisiste, Señor, que Pedro sintiera muy de cerca tu misericordia y tu perdón. Recordaré sus mismas palabras repetidas entre sollozos aquel día junto al lago: ‘Señor, tú sabes cuánto te quiero’. Pensando yo la escena de su curación, te diré también ahora en verdad, de corazón: Jesús, amigo, tú sabes que Nicodemo también te quiere. Si inconstante y poco consecuente, yo me comprometo a no dejarte nunca, aunque costase. Vigilaré por no caer en la desconfianza ni la cobardía. Ten piedad de mí, Señor, y de nosotros todos tan frágiles y temerosos, solo pobres pecadores, mas por ti enamorados. Adiós, Señor, hasta otro día.»

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Podrán ver aquí recopilados «Orar con Nicodemo», pdf.

Dios en una cruz

    «Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó por mí.» /Gálatas c.2

Me impresionó leer en un escrito sobre Semana santa: ¿Qué hace Dios en una cruz? Les pondré unas reflexiones sobre el tema, revisión de un modo de entender la fe.

Que nuestro beso de estos días al Cristo en cruz nos lleve a admirar su amor, y a mirar a quienes viven su propia cruz de sufrimiento y abandono.

:: Algunos testigos se burlaron: ¡Bájate de la cruz! La respuesta de Jesús fue el silencio, la fidelidad, lleno de amor y de pena.

:: Cuesta creer en un Dios crucificado. El pecado, la falta de amor, matan. La cruz iluminó el verdadero ser de Dios: él es amor, amor sin límite.

:: El Dios crucificado orientará nuestra mirada al que padece dolor y desamparo, violencia o injusticia, para acompañar y salvar.

:: Él hará todo por sacarnos de los oscuros sepulcros del mal, cargando de esperanza nuestra fe, llenando de luz y de amor la dura tarea.

Unos versos de Miguel de Unamuno, desde la noche oscura del alma:

    «Los rayos, Maestro, de tu suave lumbre
    nos guían en la noche de este mundo,
    ungiéndonos con la esperanza recia
    de un día eterno. Noche cariñosa,
    ¡oh noche, madre de los blandos sueños,
    madre de la esperanza, dulce Noche,
    noche oscura del alma, eres nodriza
    de la esperanza en Cristo salvador!»

    –El Cristo de Velázquez, I. 4

* Imagen: Fra Angélico, Cristo crucificado, 1442.
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-Vean nuestra entrada «Las 7 palabras de Cristo desde la Cruz».

-En la cruz debiéramos contemplar ya la gloria, el triunfo del gran amor que Dios nos tiene. Vean este himno litúrgico de Vísperas tan lleno de vida y esperanza para el que ora y sabe esperar.

    Himno

    Nos dijeron de noche
    que estabas muerto,
    y la fe estuvo en vela
    junto a tu cuerpo.

    La noche entera
    la pasamos queriendo
    mover la piedra.

    Con la vuelta del sol,
    volverá a ver la tierra
    la gloria del Señor.

    No supieron contarlo
    los centinelas:
    nadie supo la hora
    ni la manera.

    Antes del día,
    se cubrieron de gloria
    tus cinco heridas.

    Con la vuelta del sol,
    volverá a ver la tierra
    la gloria del Señor.

    Si los cinco sentidos
    buscan el sueño,
    que la fe tenga el suyo
    vivo y despierto.

    La fe velando,
    para verte de noche
    resucitando.

    Con la vuelta del sol,
    volverá a ver la tierra
    la gloria del Señor.