Bendición para una mujer fiel

Llegó a mis manos esta bendición, una cascada de buenos deseos inspirada en personajes bíblicos femeninos. Fue escrita para una amiga cooperante, mujer fiel, en sus bodas de oro como misionera. En estos días, para este tiempo de ahora, pienso en la dignidad de la mujer, en la fidelidad de cada día.

    «Que el Señor te conceda
    la audacia de Débora
    y la valentía de Ester y de Judit.
    Que te colme de alegría como a Ana,
    de lealtad y de amor fiel como a Rut.

    – Que puedas cantar y danzar junto al mar,
    como María la profetisa.
    Que con María de Nazaret
    proclames la grandeza del Señor,
    en el triunfo de los hambrientos
    y de los humildes.

    – Que llegues a encontrarte
    con Jesús, el Señor,
    como lo encontraron María Magdalena y la Samaritana;
    Él les devolvió la dignidad, la libertad
    y les dio un nombre nuevo.

    Y que como aquella mujer encorvada a la que Él se acercó y enderezó,
    puedas tú vivir erguida y ayudar a enderezarse a otros.
    Que sigas tendiendo la mano, manteniendo la llama,
    sirviendo de una manera nueva.
    Que tú, nosotros y todos, mujeres y hombres,
    estamos llamados a ponernos en pie y glorificar a nuestro Dios».

    (Cf. “Mujeres en la hora undécima”, Dolores Aleixandre)

* Imagen: ‘En el mercado’, José Luis Fuentetaja, Madrid. 
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María de Nazaret agradece los favores y proclama la grandeza del Señor…

El Cantar de los Cantares

:: Un día leí estos versos del “Cantar de los Cantares”, impresionantes por su limpieza y contundencia, y me hicieron pensar:

    – Es fuerte el amor como la muerte,
    es cruel la pasión como el abismo;
    es centella de fuego, llamarada divina;
    las aguas torrenciales no podrán apagar el amor, ni anegarlo los ríos.

El «Cantar», un libro bíblico atribuido en otro tiempo al rey Salomón, fue compuesto en el siglo IV antes de Cristo, y será más conocido por ser un libro de amor. El arte poético, la religión y la pasión de amor, aliados en una mística restauradora.

Se trata de un texto alegórico en clave creyente de difícil lectura, presentando la firmeza del amor entre Dios y su pueblo, su fidelidad a toda prueba.

:: El libro utiliza en los diálogos la analogía de la pasión conyugal. Satisfacción por la cercanía y posesión amorosa, dolor y pesadumbre en la distancia y soledad.

En sus diferentes cantos comunica la alegría de la relación, la fiesta del amor, también la tristeza y el temor por la pérdida o abandono. Vida o muerte, paz profunda o gran inquietud.

    – Lo busqué y no lo encontré, lo llamé y no me respondió.
    – Si encuentran a mi amado, le dirán que estoy muriendo de amor.

El principio está firme, vencerá para siempre el amor del que amó antes y amó primero, el que liberó de la tiranía de Egipto a su pueblo predilecto, entonces pobre y esclavo.

    – Si ofrecieran sus riquezas a cambio del amor, sólo burlas recibirán.
    – Quien encontró este tesoro escondido, venderá cuanto tiene y lo compra.
    – Si no tengo amor, no soy nada, soy como campana que hace ruido.
    – El amor nunca fallará.

* Imagen: Amantes, Nicoletta Tomas.
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:: Fray Luis de León (+1591), profesor de Biblia en Salamanca, será encarcelado por la Inquisición española por su traducción al castellano y comentarios del Cantar de los Cantares, sólo conocido hasta entonces en hebreo y latín, temerosos algunos del buen amor.

Fray Luis al salir de la cárcel dejó escrito en sus paredes estos versos. Así concluyó su injusta prisión aprovechada la calma de su forzoso retiro:

    «Aquí la envidia y la mentira
    me tuvieron encerrado.
    Dichoso el humilde estado
    del sabio que se retira
    de aqueste mundo malvado,
    y con pobre mesa y casa
    en el campo deleitoso
    con sólo Dios se compasa,
    y a solas su vida pasa,
    ni envidiado ni envidioso.»

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:: San Bernardo de Claraval (+1153), en sus ‘Sermones sobre el Cantar de los Cantares’, habló bellamente sobre el nombre de Jesús: «Jesús es miel en la boca, melodía en el oído, júbilo en el corazón. Pero es también medicina», Cf. Sermón 15.

Podrán escuchar aquí «Jesu Dulcis Memoria», grupo Dan Gibson. Texto latino en Comentario. Vean esta traducción:

SEÑOR, tu simple recuerdo es fuente de gozo incesante; tu nombre, Jesús, es más dulce que la miel al paladar.
. . Nada hay semejante a tu discreta presencia: ni bella melodía, ni palabras amorosas ni pensamiento placentero.

. . Eres salvación para los pecadores, dadivoso con quien te suplica, cercano al que te busca y ¡qué decir de aquel que te encuentra!
. . La lengua es incapaz de describirlo, el poeta de cantarlo; solo quien lo experimenta sabe cómo es el amor de Jesús.
. . Sé, pues, Jesús amado, nuestro premio y nuestra alegría. A Ti la gloria por siempre. Amén.

Las Bienaventuranzas de Cristo

El Sermón del Monte del evangelio de san Mateo renovará la existencia humana, un mensaje de esperanza que vale para todo el mundo, como dijo el cardenal Carlos Martini.

Sabemos también la consideración que a Gandhi le mereció el Sermón de la Montaña y sus 8 Bienaventuranzas.

    – En una soleada mañana, en un lugar agradable y tranquilo, Jesús de Nazaret habló largo rato a la multitud que lo seguía.

El Maestro quiso consolar y animar, pues vio la gente cansada y agobiada por el peso de la vida y de la religión; propondrá un nuevo Camino de fraternidad y de misericordia, la nueva Alianza.

Viendo la gran multitud pendiente de sus palabras, Jesús subió a un alto y, mirando a sus discípulos, comenzó la enseñanza:

1 . Felices los pobres en espíritu, es de ellos el Reino de los Cielos
2 . Bienaventurados los misericordiosos, obtendrán la misericordia

    Son los que dieron cuanto tenían, quedaron sin nada para sí. Quedó su fe, que es confianza y misericordia. El Dios que los salvó no los abandonará. Son los pobres y necesitados, los generosos y confiados.

    «Sean misericordiosos, como su Padre del cielo»

3 . Bienaventurados los afligidos, porque serán consolados
4 . Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados
5 . Felices los pacientes, porque recibirán la tierra en herencia

    Son los que el dolor no cierra en sí mismos. La pena y la injusticia no los desaniman, abiertos a la ayuda y el consuelo. Viven su dolor confiando, al ver tanta gente buena. El dolor pasará, vendrá pronto la paz.

    «A los hambrientos llenó de bienes»

6 . Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios
7 . Felices los que trabajan por la paz, serán llamados hijos de Dios
8 . Felices los perseguidos por la justicia, el Reino les pertenece

    Los que no pretenden grandezas ni buscan la propia gloria, su intención es recta y sus deseos limpios, buscarán el Reino de Dios y su justicia, la reconciliación. Dispuestos a pasar rechazos sin echarse atrás.

    «Auxilia a sus siervos por su Bondad»

(El Sermón del Monte, Discurso del Reino, san Mateo cc. 5, 6 y 7)
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Sólo el Amor produce esta maravilla: los bienaventurados, imitadores de Dios, fueron invitados a vivir la vida en modo nuevo y examinarse en ‘Bienaventuranzas’.

+ SEÑOR, yo quiero vivir tus bienaventuranzas. Dame hambre de justicia y gracia para consolar. Quiero imitarte en la sencillez y la misericordia. Quiero ser artífice de paz. Dame te lo ruego la limpieza de corazón para no buscar mi propia gloria, solo amarte y servirte a ti.

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Podrán encontrar aquí el «Examen de Bienaventuranzas».

Otros temas de Evangelio en «Meditaciones», y en «Jesucristo», eBook, pdf.

Las tentaciones de Cristo

Según los autores de los Evangelios, así debió ser el diálogo entre JESÚS y el Tentador en el desierto próximo al río Jordán.

Fueron tentaciones sobre la búsqueda del poder y la gloria. El Tentador planteó a JESÚS un examen práctico sobre sus pretensiones mesiánicas, poniendo en cuestión su identidad personal y su plan.

1 . – Si tú eres Hijo de Dios, manda a estas piedras que se conviertan en panes.
– Dice la Escritura: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de las palabras de Dios.

2 . – Si tú eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, los ángeles te tomarán en sus manos.
– Está escrito: No tentarás al Señor tu Dios.

3 . – Te daré el poder y gloria de estos reinos, si tú te postras y me adoras.
– Vete, Satanás. Solo adorarás al Señor tu Dios, a él solo rendirás culto.

El Tentador propone a JESÚS beneficiarse, buscar el poder y la gloria para sí, pero Él solo buscará el Reino de Dios y su justicia…

▪ JESÚS desea romper el círculo del poseer y el ser para sí mismo.
▪ Dará de comer al hambriento, se cuidará de los más pequeños.
▪ Servidor de todos, rompiendo el esquema de dominio y de ambición.
▪ Contra orgullo y egoísmo, humildad y servicio, la entrega de su vida.

«Yo no he venido a ser servido, sino a servir… Vigilen y oren, no caigan en tentación. Padre, líbranos del Maligno enemigo». 

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* Imagen: “El Tributo de la moneda» (detalle), de Tommasso Masaccio (1401-1428). El Rostro de Cristo expresa tristeza y preocupación, ante el acoso de sus enemigos.

Verán más temas de Evangelio en «El Rostro de Cristo», y también en «Jesucristo», eBook, pdf.

Mª Magdalena -19 / ¿Dónde está Jesús?

Final de «MARIA MAGDALENA». Esta colección de relatos termina aquí, con la pregunta que se hacen los discípulos sobre el paradero final del Maestro de Nazaret, ‘¿Dónde está Jesús?’. Ellos, que viven aún entre la luz y las sombras, quieren expresar así su propia incredulidad e incomprensión, pero también la gran afición que tomaron a su persona y al significado de su mensaje.

La continuidad de las propuestas de Jesús estará asegurada por la fidelidad y las obras de sus seguidores más que por sus palabras; su misma vida será luz encendida para siempre, «Noche no habrá más, ni necesitarán luz de lámpara ni del sol, el señor Dios los alumbrará y reinarán por los siglos de los siglos».

“MARIA MAGDALENA”

19.- ¿DÓNDE ESTÁ JESÚS?

+ Los discípulos mayores regresaron con prisa a la ciudad, y todos los demás tras ellos, por grupos y sin hablar apenas nada. Algunos comentaron que, aun temiendo por sus vidas, debían viajar al anochecer del día siguiente a Jerusalen. Otros marcharon de aquel lugar separándose del grupo por el momento. Nuevas dudas y temores reaparecieron en muchos, preguntando con inquietud:

– ¿Dónde está Jesús? ¿Cuándo volverá?
– ¿A dónde iremos? ¿Lo volveremos a ver?
– ¿Qué diremos si nos preguntan por el cuerpo?

+ Vivíamos entre la nueva luz y las viejas sombras, en ese crepúsculo de incertidumbres que pronto tocará a su fin. En verdad los que presenciamos la crueldad de lo ocurrido con Jesús pocas semanas antes, quisimos olvidar pero no fue posible. Yo sentí que mi alma entera temblaba todavía al recordar, cuando lo veía así doliente aún y ensangrentado.

Días después lo vimos de nuevo en Galilea, oímos su voz y comimos con él, y nos pareció soñar. Sólo el silencio pudo guardar el secreto de este misterio divino, escondido en nuestros pobres corazones, tan difícil de entender y de creer. Comentaron que debíamos dar a conocer esta buena noticia, pero la verdad es que no supimos qué hacer ni qué decir.

+ El primer día de la semana siguiente a su partida nos reunimos en una aldea próxima a Caná, en la casa de unos amigos del maestro Jesús. Todos supimos que allí nos esperaba nuestro Señor, que debíamos ir sin que nadie nos llamara. Pedro y Juan nos hablaron de su último encuentro y conversación con Jesús Galileo, confesaron su fe en él con mucha seguridad y nos animaron a seguir.

Repartimos el pan como Jesús nos había enseñado. Ese día yo misma preparé de madrugada en la hoguera los panes que Pedro bendijo y repartió entre todos. Lo mismo hicimos con el vino y los peces que otros discípulos pusieron sobre la mesa: «Tomen, coman, es mi cuerpo entregado por ustedes».

Eran sus propias palabras. En el momento del recuerdo hicimos como si nada hubiera cambiado, sabiendo bien que ya todo será diferente. Cantamos y danzamos largo rato mirando hacia el horizonte y con los ojos humedecidos, abrazados unos a otros en silencio, creyendo adivinar lo que cada uno escuchó en su interior.

Yo soy pan de vida
tu vida entera
pan para el desierto
vida verdadera.
Pan que resucita
pan del cielo
en la vida en la muerte
yo soy tu pan de vida.

Vivimos en aquellos momentos varias bienaventuranzas a la vez y nuestra dicha fue completa. Nuestras dudas y preguntas enmudecieron por unos instantes.

– Qué bien estamos aquí.
– Quédate con nosotros, Señor.

+ Hicimos esto mismo las semanas siguientes mientras nos fue posible, hasta que llegó el acoso a que nos sometieron las autoridades religiosas. En estos encuentros celebramos la paz y la luz que nuestro Señor Jesús Galileo nos comunicó, también recordamos su misma vida y su mensaje. La memoria y la comunión nos animaron a continuar el camino y a vislumbrar un mundo diferente que él llamó Reino de Dios.

Esos primeros tiempos sentimos en nuestras reuniones la felicidad de la nueva vida y que las viejas sombras de la muerte y del mal permanecerían, porque vivimos todavía un tiempo mezcla de dicha y tristeza, de luz y de sombras, de vida y de muerte.

– No teman, yo vencí a este mundo falto de amor, de muerte y violencia.
– El dolor y la muerte están derrotados para siempre, no pasen miedo.
– Créanme, yo soy Señor de vivos y muertos, ahora y por la eternidad.

+ Sentí desde entonces como un hermanamiento extraño entre felicidad, amor y sufrimiento, como si en eso mismo consistiera la vida recién entregada, así por el tiempo y los años en adelante hasta que él vuelva.

Contentos cuando los acosen
expulsados y despreciados por mi causa,
felices cuando crean y esperen
vencida toda tristeza, toda derrota,
descansen en la casa del reino en sus estancias,
gusten mi abrazo amigo abrazo del Padre.

* Imagen: Rembrandt H., La Cena de Emaús, 1648. Unos discípulos regresan a su casa de Emaús muy decepcionados por los acontecimientos. Reunidos en la mesa con el compañero de camino, creen reconocer a Jesús resucitado cuando partió el pan al anochecer y ellos lo tomaron. Los rostros, la mesa, el pan, la habitación, todo quedó transfigurado por su repentina presencia. Cf. Evangelio de san Lucas c,24.
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Como final vean también este clásico poema y canto al misterio de la Eucaristía. Letra de Santo Tomás de Aquino, música de César Franck.

El pan angélico
se vuelve pan de hombres.
El pan celestial
pone fin a las imágenes.
¡Qué maravilla!
Comen al Señor
el pobre, el siervo y el humilde.
Oh, Dios trino
y uno, te rogamos:
visítanos,
como te adoramos.
Por tus caminos guíanos
hacia donde nos dirigimos,
hacia la luz en la que habitas.
Amén.

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Siendo este ya el último capítulo, verán aquí el ÍNDICE de los capítulos y enlaces de «María Magdalena y Jesús de Nazaret. Recuerdos y confesiones».

Mª Magdalena -13 / En casa de Leví

María nos cuenta en este capítulo los planes y las alianzas entre Jesús y Mateo para proponer un camino nuevo a sus contemporáneos. La Magdalena sentirá por ambos un gran aprecio y veneración, pues parece deberles la vida.

Jesús, Mateo, la Magdalena, contemporáneos de unos sucesos por los que ellos mismos y sus seguidores se verán acosados hasta la muerte y excluidos en toda la región y en las provincias, «Si me siguen deberán olvidarse de sí mismos y cargar con su cruz cada día».

“MARIA MAGDALENA”

13.- EN CASA DE LEVÍ

+  Comencé a hablarles de Leví que aun siendo publicano fue honrado y hasta generoso en sus ofrendas al Templo. Gustaba de ayudar a los que se le acercaban y pasaban necesidad de pan o de protección. Acogía en su casa y sentaba a su mesa a gente de mala reputación, los excluidos de la sinagoga y del Templo.

Tenía su propio manera de ver las cosas y de vivir la vida. En verdad era muy respetado por todos, no parecía tener más que amigos. Conocerle fue para mí una gran fortuna.

Leví Mateo no fue un judío ortodoxo ni legalista, como tampoco Jesús Galileo. Por su oficio de publicano y por su reputación, Leví vivía una situación de excepción en la obediencia a normas y autoridades religiosas.

Mi amigo publicano y el maestro de Nazaret se entendían bien en su frecuente conversar, coincidieron en lo que convenía hacer para renovar lo que ellos mismos llamaban la ‘antigua alianza’. En más de una ocasión oí a Leví reflexiones como estas:

– Sera necesario caminar en espíritu y en verdad, sin tanto ritual y palabrería. La gente reclama más misericordia y menos sacrificios.
– Nuestro Dios nos ha abandonado, todos sienten gran desespero y decepción. El Dios de nuestros padres los amaba, acompañaba y protegía siempre.
– El pueblo busca pan y libertad, sólo unos pocos tienen alimento en abundancia.
– El romano que ocupa nuestros pueblos tiene su propio interés, menosprecia nuestra tradición y empeora la situación sembrando violencia.
– Las plazas y los caminos se llenan día y noche de gente abandonada, enferma, sin techo, hambrienta, clamando al cielo sin descanso.
– ¿Qué podemos hacer?

+ Estando muy al comienzo de su predicación, el maestro de Galilea buscaba gente inquieta y generosa. Bastaría un gesto del gran maestro para que Mateo se embarcara en la aventura de seguirlo. Para Mateo se trataba al fin de realizar un sueño muy querido:

– Maestro Jesús, quiero seguirte, acompañarte en tu trabajo, vivir contigo y como tú para siempre.
– Ven conmigo, Mateo, déjalo todo ahora mismo y sígueme.

Los dos querían renovar la vida y purificar ese aire mortal que respiraban, mas ¿cómo hacerlo? ¿qué planes tenía Jesús? Los dos temían el rechazo de las autoridades religiosas y la exclusión. Podían ver ya a lo lejos aproximándose la sombra del fracaso, pero también sentían con fuerza que una luz nueva clareaba en sus corazones y lo iluminaba todo.

+ Magdalena, ¿cómo te encontraste tú entre estos grandes personajes de tu tiempo?

Yo preferí mirar en silencio sin perder detalle, escuchar y aprender, pero sobre todo amar. Me junté cuanto pude a cuantos me abrían sin otro interés las puertas de su vida y de su corazón y no me dejaron afuera, mendigo del buen amor, cansada de tantos rechazos y menosprecios.

Mientras habité en la casa de Leví me ocupé de las necesidades y tareas de una casa con tanto movimiento de gente, negocios e invitados. El mismo Leví me necesitó para trabajar sus pergaminos, cambiar en letras y números de Roma escritos propios de su oficio. Los signos romanos eran muy distintos a los nuestros, que yo aprendí desde muy niña a dibujar.
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* Imagen: La vocación de Mateo, M.C. Reymerswaele (1530), expresa la sorpresa y la satisfacción del encuentro decisivo entre maestro y discípulo.

Vean también nuestra entrada «Los encuentros de Cristo».