Hoy es Jueves Santo. Encontré en este bello texto explicando lo que pudo pensar Jesús de Nazaret antes de subir a la cruz:
– Busqué toda mi vida el Rostro de mi Padre. Lo encontré en la sonrisa de los niños, en los humillados y sencillos del reino.
– Cumpliendo su voluntad, entendí que yo era el Rostro del Padre, quien me mirara con ojos limpios se encontraría con Él.
– Ahora mi Pan partido y entregado, mi Rostro desfigurado, descubrirán en él el Rostro bondadoso de mi Padre.
Yo responderé:
. . Sí, Maestro, yo te descubriré en el abatido y en el enfermo, y yo quisiera ser tu rostro y tu palabra para mis hermanos;
. . así, cuando estén afinadas todas las cuerdas de mi vida, Maestro mío, cada vez que tú las toques cantarán tu Amor infinito.
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«Encontrarme contigo» – Satelite – México. Melodía llena de afecto y buenos deseos.
«Encontrarme contigo
Fiel amigo; sentir la pasión de tu corazón
Y darte el honor; postrado a tus pies;
Con alma derramada ante tu mirada;
Tu Rostro señor encontrarlo en mí;
Escuchar tus palabras hablando a mi alma.»
Para estos días ya próximos de Semana Santa, verán el «Soneto a Cristo crucificado», poesía religiosa española siglo xvi de autor desconocido; tal vez formara parte de «Rimas sacras» de Lope de Vega.
Autor y lector rezan así una sentida oración mirando a Cristo delante y puesto en cruz, conmovidos ante tanto dolor y confesando su admiración, preguntándose cómo corresponder, qué hacer a cambio de tanto amor.
Así sucederá estos días cuando el trono que lleva a Cristo al Calvario detenga en nuestras calles su paso y su mirada.
«No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera»
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* Imagen: «Crucifixión», Fra Angélico, fragmento. El rostro de Cristo que mira apenado y complacido a quienes permanecen fieles al pie de la cruz.
¿Cómo definir bien la pobreza de un país tan pobre como Haití, el llanto de quien lo perdió todo? ¿Cómo atrapar la sed y el hambre, la insalubridad y el desespero que ensombrecen todo?
– Hay tanto sepulcro a nuestro alrededor, tanta muerte y desánimo, que cuesta creer en el triunfo de la VIDA. Hay tantas vendas que nos atan, que no es fácil salir de los sepulcros y caminar con Esperanza y Paz, la Paz de Cristo.
JESUCRISTO vive, su Vida y su Luz son definitivas, inagotables. Es la fe del creyente. El desánimo paraliza, el miedo enmudece. Pasado lo peor, los discípulos aseguran que es posible, será la PASCUA cristiana.
Es probable que NICODEMO encontrara a Jesús resucitado, cansados los dos y apesadumbrados. Todo cambió con su presencia.
. . La PAZ contigo, amigo, gracias por tus desvelos y tus aromas generosas, tus consuelos allá en la cruz y cada día.
. . Lo reconoció porque partió el pan. Para Nicodemo todo cambió, cantó y también resucitó, fue posible entonces nacer de nuevo.
Así describirá Letitia M.H. su experiencia en HAITI, semanas después de la catástrofe:
“En la montaña de la tristeza, una Cruz tomaba forma entre las manos de los artistas cubanos y los niños. Dos maderas cruzadas llenas de flores, palomas y colores.
. . Al triste compás de un blues de la trompeta de Yasek M. muchos llegaron hasta la fosa común. Allá donde antes reinó una cruz negra, ahora otra repleta de colores. Sí, sobre la muerte la VIDA también florece”.
Hoy domingo en muchos lugares habrá grupos de gente, jóvenes y mayores, que entrarán en las Iglesias y nos dirán que están preparando su primera Comunión, o bien que hoy pasarán a comulgar. Todo con fe y mucho respeto.
– ¿A qué se refieren esas personas? ¿Cómo llegó hasta nosotros esta costumbre y creencia? ¿Qué pienso yo de todo esto, y cómo explicar a quienes no saben y preguntaron?
(Juan de Juanes, Última cena)
Fue tradición desde Jesús de Nazaret y los testigos de la Pasión. En una cena con los discípulos, Jesús se despidió antes de morir en cruz, bendijo el pan y el vino de la mesa, y les aseguró que debían tomar así su Cuerpo y Sangre benditos, que creyeran en sus palabras.
«Tomen y coman todos de él, porque este pan es mi cuerpo. Este vino es mi sangre entregada por ustedes y por todos. Harán esto mismo en mi memoria»
¿Quién pudo dudar entonces de sus palabras y de su poder para hacer lo que decía? ¿Cómo desconfiar de su intención de dar todo por ellos y por muchos más?
«Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida; el que come mi carne y bebe mi sangre no morirá para siempre»
La comunión con el ‘Pan de vida’ dará fortaleza, será comunión de personas e intereses. Los discípulos mantuvieron viva esa tradición, no una leyenda, sino un hecho con testigos bien documentado.
La ‘Fracción del pan’ inauguró un nuevo estilo de vida : compartir la vida y los bienes, una verdadera comunión.
. . El ejemplo de una vida, memorial de su entrega, el compromiso de hacer lo mismo, algo que obliga.
. . No guardar para mí lo que tengo y soy, para los que buscan o no creen, para los que pasan hambre o los desamparados.
. . Que para todos solo importe amar de verdad, vivir por dar vida, que dé sentido al vivir y hasta morir.
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-Verán también aquí otras «Meditaciones», Ejercicios espirituales, eBook, pdf.
-Como actualización de este gran Misterio, una súplica significativa en este bello canto:
«Dime cómo ser pan,
cómo ser alimento
que sacia por dentro
que trae la paz.
Dime cómo ser pan,
dime cómo acercarme
a quien no tiene aliento,
cómo ser para otros
en todo momento
alimento y maná».
– ¿Cómo podemos los seres humanos llegar a causar tanto dolor y sufrimiento en nuestros semejantes? ¿Cómo puede el odio aliado con el poder producir tanta destrucción y muerte?
– ¿Qué decir de las prisiones secretas, de la tortura y el desprecio de la vida del prisionero o del indefenso? ¿Qué utilidad redentora tendrá tanta injusticia y dolor?
La Pasión de Cristo fue pasión de dolor por la gran crueldad, mas también pasión de amor por el gran amor que comunicó. Quedó de manifiesto que el odio y la envidia hieren y matan. Solo el amor y la compasión salvan de la muerte y resucitan.
Jesucristo reveló en su Pasión que Dios tiene corazón, que el Padre está cerca del abandonado y maltratado, que llegará pronto para limpiar su rostro y librarlo de la muerte, para restaurar su dignidad.
Algunos oyeron a Cristo rezar desde la cruz un murmullo con versos de salmos:
– Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
– Te invoco de día y no respondes, de noche sin descanso, no hay nadie para socorrerme.
– No despreció la miseria del pobre, no le ocultó su rostro, cuando pidió auxilio lo escuchó.
– En tus manos encomiendo mi espíritu. Ten compasión de mí, mi vida está en tus manos.
La Pasión de Cristo duró toda su vida, cuando conoció el dolor o la ausencia de sus seres queridos, cuando vio llorar a los niños o penar a las madres, cuando oyó a lo lejos el lamento del leproso y el grito del hambriento.
Sus entrañas se conmovieron con frecuencia por el sufrimiento de sus semejantes, su corazón sangraba y sus labios callaban, sus ojos lloraban por la muerte de sus amigos, ante la mujer amenazada o el enfermo incurable.
La Pasión de Cristo continúa ahora en tantas personas maltratadas, excluidas o humilladas, en la pobreza y muerte indignas, en injustas condenas, en las ideas perseguidas.
La Pasión prosigue también en la fidelidad del amor solidario, en el perdón ofrecido, en la compasión sin condiciones, en el buen samaritano de cada día y de cada hora, en los via crucis sin fin de pueblos y barrios del mundo.
«Fluye sangre de tus sienes
hasta cegarte los ojos.
Cubierto de hilillos rojos
el morado rostro tienes.
Y al contemplar cómo vienes
una mujer se atraviesa,
te enjuga el rostro y te besa.
La llamaban la Verónica.
Y exacta tu faz agónica
en el lienzo queda impresa»
(Via crucis VI, Gerardo Diego)
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* Imagen: Icono de la Santa Faz o «Acheropita», s.xvi, presentación del rostro de Jesucristo, la imagen desfigurada restablecida ya en su original dignidad y belleza.
# Cuentan que María Magdalena fue la primera en reconocer a Jesús resucitado en el huerto junto al sepulcro, la primera en hablarle y contarlo luego a los demás discípulos, también a Nicodemo.
Muchas flores de aquel jardín fueron testigos del acontecimiento, como el rocío mañanero y la brisa suave, en ese bendito ‘día primero de la semana’.
La delicada “Historia de una flor” que traigo al blog y dedico a la Magdalena, es un lindo relato que escribió mi amiga Dened Casañas, su experiencia de amistad y felicidad, testigo de tanta luz y belleza. Vean.
Fra Angelico, Noli me tangere, 1441
«Apenas nacía el alba cuando ella ya estaba allí. Yo disfrutaba de ese baño fresco de rocío que la noche bondadosamente me había regalado. La joven lloraba desconsoladamente, sólo de vez en cuando levantaba la mirada hacia el sepulcro vacío. Sentí pena por ella, mas no podía ayudarla, a fin de cuentas yo soy tan solo una flor en este huerto y nada entiendo de los conflictos humanos. Era tanta su aflicción que ni siquiera se percató de mi presencia. Mi corazón de flor me decía que esta no era una mañana cualquiera y no sé por qué pero ese presentimiento me hacía extrañamente feliz.
«No sé cuánto tiempo había pasado cuando de pronto apareció Él. Yo no lo conocía, pero recuerdo que una brisa me había traído un día noticias de un tal Jesús de Nazaret y en ese instante tuve la certeza de tenerle delante, como nunca imaginé que lo tendría. La joven continuaba allí, cuando se percató de su llegada lo confundió con mi jardinero, entonces muy turbada le preguntó: Señor, si tú te lo has llevado dime dónde lo has puesto. El la miró con la misma ternura con que lo hace el jardinero en la mañana cuando descubre que ha nacido una nueva flor; mas aun conociéndonos a cada una, a ninguna ha llamado nunca por su nombre ¡María! A ella se le encendió la mirada y también el corazón; prendida entonces de su cuello lo llamó ¡Señor!
«Por un momento soñé que realizara en mí algún milagro, que me tornara más bella quizás, pero recordé que una vez él dijo que ni el mismo Salomón en todo su esplendor se vistió como una de nosotras.
«Es corta la vida de una flor, por eso antes de perder el último de mis pétalos decidí contarles mi historia. Muchos ya la conocerán, mas no estuvieron allí para ver el sepulcro vacío, el llanto de la Magdalena. Nadie estuvo para sentir el aroma de la hierba mojada, la brisa que acarició el cuerpo del Señor resucitado; tampoco para escuchar la música de sus palabras. Por eso creo que Él me ha concedido un milagro, el milagro de vivir y morir junto a su sepulcro vacío».
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Compartir esta historia en el blog fue para mí una satisfacción, por la vida plena y el discípulo fiel, por tantas personas buenas que iluminaron con su fe sencilla y alegre muchos rincones oscuros de nuestra tierra, como en aquella maravillosa ‘primera mañana’.
Es corta la vida de una flor… Pasaron los años y Dened Casañas falleció meses atrás (+2017) en su querida Cuba, sin duda rodeada de sus muchos amigos y su familia. Entregó agradecida su último pétalo al Señor. Descanse en Paz, a la espera de la resurrección.
Así escribieron sus amigos: «A pesar de la tristeza que sentimos por su muerte, tenemos la certeza por su testimonio tangible de Dios, ella hoy nos acompaña desde el cielo, donde algún día nos volveremos a encontrar y a revivir nuestra amistad». (Vidacristianaencuba.com -2018/03)
En homenaje suyo pasado ya un tiempo, traeré de otro lugar en el blog unos versos de Dened, viéndose a sí misma orante y amante, junto a la Cruz del Señor Jesucristo.
«Hoy quiero ser la cruz que abraza tu cuerpo
o abrazada por ti llegar a ser trono de salvación.
Hoy quiero ser la gota de sangre que de tu costado sale
y mañana ser el vino que a todos alimente en la comunión.
Hoy quiero ser el agua que brota de tu costado
y dar de beber a todo el que tenga sed de ti.
Hoy quiero ser el suspiro en la cruz
para mañana ser tu primera palabra.
Hoy quiero ser el perfume que embalsame tu cuerpo,
para ser la fragancia que despierte contigo
el día de la resurrección.»
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(Verán aquí el ÍNDICE de los relatos y temas de nuestro eBook «María Magdalena y Jesús de Nazaret», pdf.)
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Podrán descargar aquí, EBOOKS_LINKS, pdf, de nicodemoblog.
:: La fiesta de la Santa Cruz de septiembre tuvo un origen histórico: conmemorar el día en que la reliquia de la cruz de Cristo fue recuperada y devuelta a Jerusalén.
En el año 614 Copsroes II rey de los persas conquistó Damasco y Jerusalén, causó graves daños a la Iglesia del Santo Sepulcro y se apoderó de la ‘Vera Cruz’.
El emperador Heraclio desplegó una campaña contra los persas recuperando la reliquia. Años después Heraclio marchó triunfalmente hasta Jerusalén donde repuso la ‘Vera Cruz’.
Para evitar nuevos robos, la Santa cruz fue repartida: una parte se llevó a Roma, otra a Constantinopla, una tercera se guardó en Jerusalén, y otra en pequeñas astillas por diversas iglesias del mundo entero.
¿Quién encontró la verdadera cruz de Cristo? La fiesta de la Cruz en mayo hará referencia al hallazgo de la cruz en Jerusalén en el siglo 4°. Verán detalles del tema en Comentario.
:: La fiesta de la Cruz recordará desde tiempo muy antiguo la importancia de la muerte en cruz de Jesús de Nazaret para la fe de los cristianos. Jesús le dijo a Nicodemo:
«Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que los que creen en él tengan vida eterna»
«Moisés levantó la serpiente en el desierto y todos fueron curados, así mismo tiene que ser levantado en alto el Hijo del hombre» (cf. s Juan c.3)
Las razones que crucificaron a Jesús, el afán de poder, las envidias y violencia, los rencores y avaricias, causarán todavía la muerte injusta de muchos inocentes a lo largo de los siglos.
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= Imagen: Cristo Crucificado, 1632, detalle, Diego Velázquez.
= Poema del libro de Miguel de Unamuno «El Cristo de Velázquez», III, 17, 1920:
«Con esos brazos a la cruz clavados
has hecho, Maestro carpintero, casa
de Dios a nuestra pobre tierra, dándole
morada en nuestro suelo. Cuatro clavos,
hijos del arte humano, te enclavijan
al árbol de la muerte y vida nuestra,
formándole a tu Padre en nuestro suelo
solar de amor. Y aquí sueña y descansa
su celeste cabeza, en la que el Verbo
mora increado, como en almohada
recostando en tu pecho, y a tu toque
siéntese hombre, que es del todo el fin»
= En comentarios el poema de León Felipe «Hazme una cruz sencilla, carpintero», los dos mandamientos, el principal y el nuevo, significados en los dos maderos de la cruz.
+ En otra ocasión, celebrando el aniversario de san Juan de la Cruz, presenté en el blog una pequeña introducción a la ‘Trilogía’ formada por el Cántico espiritual, la Noche oscura y la Llama de amor viva.
Largos poemas e itinerario hacia el tipo de amor peculiar que une a la criatura (Alma) con su creador (Esposo). La religión hablará de ‘unión mística’, la mutua e íntima entrega, identificación amorosa.
Cuando tú me mirabas,
su gracia en mí tus ojos imprimían,
por eso me adamabas,
y en eso merecían
los míos adorar lo que en ti veían.
+ Traeré aquí el llamado ‘Cántico espiritual’, del que sólo cinco cantos reproduzco, invitando a su lectura íntegra.
Siguiendo los pasos del libro bíblico inspirador, el ‘Cantar de los Cantares’, el amor nupcial expresará bien la relación apasionada de búsqueda por parte del Alma, de espera y fidelidad por parte del Esposo.
«Como un joven se casa con una muchacha virgen,
así el que te reconstruyó se casará contigo,
como el esposo goza con su esposa,
así harás las delicias de tu Dios.» (Isaías c.62)
+ El Cántico dirá la insatisfacción del creyente por la distancia y ausencia, la dificultad en apropiarse del divino amado y fundirse en él. La experiencia espiritual quiere ser generosa y altruista, pero deberá pasar por cañadas oscuras que purifiquen su propio amor e interés, reconociendo al fin una alteridad salvadora.
CANCIONES ENTRE EL ALMA Y EL ESPOSO
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.
¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y, pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste
y no tomas el robo que robaste?
Mi alma se ha empleado
y todo mi caudal en su servicio;
ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro oficio,
que ya sólo en amar es mi ejercicio.
Descubre tu presencia
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia y la figura.
Tal vez el poema fuera escrito por Juan de la Cruz como lamento y búsqueda de auxilio durante los nueve meses de cárcel que el santo sufrió en Toledo, 1578, no deseando sino morir ya, morir de amor, morir amando como su Cristo. También en este hombre santo y atormentado, la fe tras la prueba acabará en amor.
En las imágenes dibujo del Crucificado por Juan de la Cruz, en la Encarnación de Ávila, inspirador de Salvador Dalí en el llamado “Cristo de San Juan de la Cruz”, 1951.
Podrán escuchar ‘Vuélvete paloma’, Amancio Prada, con la Orquesta y Coros de RTVE.
«El Amor perdona siempre,
disculpa siempre, espera siempre,
el Amor no falla nunca.» (1Corintios c.13)
En cierta ocasión el apóstol san Pedro dirigió al Maestro una pregunta difícil, que mereció una buena respuesta por parte de Jesús de Nazaret. Pedro conoció la disposición de Jesús a perdonar siempre:
– Señor, ¿Cuántas veces tendré que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?
– Jesús le contestó: No te digo siete, sino setenta veces siete.
# Más tarde el apóstol negará tres veces, dirá que no conoce a Jesús, que no tiene que ver con él. Pedro se acobardó y traicionó su amistad, tanto o más que Judas. Pedro lloró amargamente y se avergonzó de sí mismo.
– Jesús dijo: No he venido para juzgar y condenar, sino para salvar.
– Pedro tuvo su oportunidad junto al lago: Señor, tú sabes que te quiero.
– Judas desesperó, Pedro confió, no quiso morir de tanto dolor.
# Pedro recordó la escena con la mujer adúltera a punto de ser apedreada, vio cómo Jesús la protegió y la invitó a marchar en paz: Aunque todos te condenan, yo no te condeno, no temas, no peques más.
– Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen. Jesús desde la cruz pidió perdón para los soldados, disculpando.
# Pedro comprendió que nada estaba perdido, que Jesús ama y perdona siempre, tiene un gran corazón, no me rechazará, mas qué me pedirá.
– Pedro, ¿Tú me amas? ¿Me amas más que estos? ¿De verdad tú me quieres?
– Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero.
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Así fue como Pedro aprendió a perdonar como había sido perdonado, generosamente. El perdón de Jesús de Nazaret lo curó y rehabilitó, le enseñó a ser misericordioso con todos.
(En comentario un texto de San Ambrosio sobre la mirada de Cristo a Pedro)
«Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos»
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Cuentan que Nicodemo, un discípulo de última hora, al enterarse de lo sucedido, rezó así:
– Tú no quieres, Señor, la culpa ni el abismo del resentido, no quieres ver rechazado a Pedro ni malherido; tú quieres el abrazo y la fiesta del perdón.
– Jesús, háblame y viviré, será como nacer de nuevo; mírame y sanaré, tu mirada me basta, tú sabes que yo también te quiero.
En sintonía con el apóstol Pedro, recordaré la súplica para recibir la gracia de la paz de Cristo:
+ SEÑOR JESÚS, dame la paz, tu paz será mi descanso; tú eres mi paz, tu amistad y compañía. Si tengo tu paz confío y nada temo, porque tú vas conmigo.
+ Eres brisa ligera que serena, agua fresca que calma mi sed, voz que apacigua las tormentas. Tu paz es amor que abraza y reconforta, amor que perdona y siempre disculpa. Ven Señor Jesús.
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– Imagen: «Cristo y Menas», icono bizantino, siglo vi, Egipto. ‘Jesús y su amigo’, Jesús con el Abad Menas. El Rostro de Cristo expresa la satisfacción y la alegría por la fiesta del reencuentro.
– Vean de Luis de Góngora (+1627), ilustre poeta cordobés, este soneto que fue sincera confesión del propio pecado y del perdón divino, en ambiente de intimidad y gran confianza:
«Pequé, Señor; mas no porque he pecado
de tu amor y clemencia me despido;
temo, según mis culpas, ser perdido,
y espero en tu bondad ser perdonado.
Recélome, según me has esperado,
ser por mi ingratitud aborrecido,
y hace mi pecado más crecido
el ser tan digno tú de ser amado.
Si no fuera por ti, de mí, ¿qué fuera?
Y a mí mismo de mí, ¿quién me librara
si tu gracia la mano no me diera?
Mas ¡ay! A no ser yo, ¿quién no te amara?
Y si no fueras tú, ¿quién me sufriera?
Y a ti, sin ti, mi Dios, ¿quién me llevara?»
Las noticias aparecidas sobre el modo de crucificar los romanos en tiempo de Jesús, pusieron de manifiesto la crueldad e inhumanidad de cualquier ejecución a muerte.
Les recordaré pues el contenido y la sobriedad de detalles de los relatos de la Pasión de Cristo.
– ¿Cómo ocurrió todo y por qué? ¿Cuál fue su significado?
– Datos en los Evangelios sobre la ejecución y muerte de Jesús de Nazaret.
1 . Sabemos que la crucifixión fue lo previsto, incluso por el mismo Jesús, el tipo de muerte que las autoridades religiosas y el pueblo pedirán al ser preguntados por el gobernador.
– Lo condenarán a muerte y lo entregarán a los paganos para que sea maltratado y crucificado.
– Insistían a gritos para que fuera crucificado, el griterío será cada vez más violento. Al fin Pilatos resolvió acceder al pedido del pueblo.
2 . Las circunstancias y algunos detalles reseñados por los evangelios serán los propios de una crucifixión: llevar la cruz, repartir sus vestiduras, ser ajusticiado con otros condenados.
– Jesús, cargando la cruz, salió de la ciudad hacia el lugar llamado Gólgota.
– Lo crucificaron junto con dos malhechores, a su derecha y a su izquierda.
– Hoy estarás conmigo en el paraíso.
(Podrán leer más datos en los comentarios)
3 . El tiempo de agonía transcurrido hasta la muerte, de media mañana a media tarde, será de unas seis horas.
– Mediaba la mañana cuando lo crucificaron. Al mediodía se oscureció toda la tierra, hasta las tres de la tarde.
– Jesús exclamó: ¡Dios mío, por qué me has abandonado!
4 . Con posterioridad a la muerte en cruz, los testigos señalarán otros hechos:
– Viendo a Jesús ya muerto, no le quebraron las piernas, un soldado le atravesó el costado con la lanza.
– José de Arimatea fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús.
– José y Nicodemo envolvieron el cuerpo en una sábana con perfumes y lo colocaron en un sepulcro en la roca.
5 . Los textos solo mencionarán los clavos y las heridas para confirmar la identidad del resucitado, se trata del crucificado.
– Miren mis manos y mis pies, y les mostró las manos y el costado.
– Jesús dijo a Tomás: ‘Mete aquí tu dedo, y mira mis manos; pon tu mano en mi costado. No seas incrédulo’.
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Ya nacen las flores,
ya pasa el invierno,
ya apunta la aurora
en el firmamento.
Tú eres la luz,
clavado en el árbol de la cruz.
Ya madura el trigo
bajo el cielo abierto,
ya se va la noche,
ya cesa el silencio.
Ya llega la hora,
ya llega tu Reino,
ya brota agua y sangre
del costado abierto
de Jesús: él es la luz,
cosido en el árbol de la cruz.
–Gonzalo Mazarrasa
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= Imagen: Ecce Homo, 1570, Juan de Juanes. El Rostro de Cristo en medio del dolor, su mirada de compasión y de paz. «Salió Jesús con la corona de espinas y una capa roja. Ahí tienen a este hombre, dijo Pilato. La gente respondió: ¡Crucifícalo!», san Juan c.19.