Amor de ficción, amor de verdad

# Pude leer en R. David Precht que el amor es un sentimiento contradictorio y desordenado, que será necesario notar la diferencia entre amor y enamoramiento:

– el amor de enamoramiento es efímero, dura poco tiempo
– se agota entre la necesidad de cobijo y la satisfacción personal
– el amor romántico anhelado es egoísta y asocial, totalmente irreal
– la literatura, el cine, nos hicieron creer en un amor de ficción
– será diferente lo que sientes por alguien cuando lo amas.

El autor hablará también de la importancia que la religión tuvo en este tema a lo largo de la historia.

Antes sentías que Dios te quería de forma incondicional, que nos aceptaba tal y como somos. Ahora la religión está en declive y nos hemos quedado desnudos.

# En cambio el amor de verdad perdura, parece invencible, inagotable en su manifestación. Algo así debió entender Nicodemo en sus conversar nocturno:

– Cuando alguien te quiere deseará ser una sola cosa contigo. Si te quiere de verdad, su amor hará temblar tus defensas y romperá la cárcel interior, te sacará de ti mismo.
– Ese alguien que no eres tú, te quiere igual o más que tú a ti mismo. Si alguien te quiere de verdad, querrá ser tú mismo, como una sola carne, permaneciendo dos.
– Abre tu puerta y deja escapar el alma, vuela libre y vuela alto, sin temor, vuela lejos. Si te pierdes, solo así te encuentras. No temas, si tú quieres nacerás de nuevo, serás hombre nuevo.

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Cf. Richard David Precht, «Amor. Un sentimiento desordenado», 2011. Precht es filósofo y escritor alemán. Fueron ‘best-sellers’ sus libros de divulgación filosófica.

Imagen: Humphrey Bogart e Ingrid Bergman, en el film «Casablanca», USA, 1942, drama romántico dirigido por Michael Curtiz.
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Vean acompañando el tema esta linda melodía de Paolo Buonvino & Skin, «Renaissance», from «Medici Masters of Florence» Tv Series. Amores difíciles en época de gran belleza y creación, un mundo que cambia.

El misterio de Dios _Dios es amor

    «Si ustedes que son malos, saben dar cosas buenas a sus hijos, ¿cuánto más el Padre del cielo dará el Espíritu Santo a los que le piden?» /san Lucas c.11

    – El misterio de Dios no se nos entrega a nuestro espíritu a través de discursos elocuentes, sino en la fe y en la oración respetuosa. (san Atanasio)

Fueron muchas las personas con preguntas sobre la fe, que buscan a Dios a tientas y en la oscuridad, así como cuentan de Nicodemo el fariseo.

También algunos sienten desconcierto ante creyentes tan seguros de su fe sin poder dudar, ufanos de comprender al Incomprensible.

En la fiesta de la Trinidad santa, encontré estos pensamientos del teólogo J.A. Pagola, sugerentes para meditar despacio:

    «El misterio de Dios nos supera. Él creó nuestro corazón con un deseo grande de buscarlo; será un descanso encontrarlo. Nuestra necesidad insaciable de amar y ser amados nos ayudará a intuir el misterio de Dios, él no es un ser solitario sin rostro, ni una sustancia fría. Dios es ternura infinita, él es amor».

Una cultura del amor y de la vida será la mejor alternativa para nuestro mundo, donde impera una cultura de la indiferencia y de la muerte.

Así lo cantará en su poema T.J. González Carvajal, en amistad y esperanza:

    Inmenso, soberano,
    eterno Dios, Señor del alto cielo,
    de la tierra, del mar, del orbe todo,
    hechura de tu mano.

    Quién descorrer pudiera el denso velo
    que me oculta tu ser o de qué modo
    de tu sabiduría
    un rayo alcanzaría
    a penetrar mi mente tenebrosa.

    Quién conocer me diera
    tu majestad, grandeza y hermosura.
    Quién, cuando tu justicia rigurosa
    se muestra más severa,
    ver cómo la contiene tu blandura.
    Quién de este mortal lazo me soltara,
    para poder mirarte cara a cara.

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De otro lugar en el blog, vean la súplica cariñosa y confiada de Pierre Teilhard de Chardin «En busca de Dios»:

    «¡Te necesito, Señor, porque sin Ti mi vida se seca!
    Quiero encontrarte en la oración,
    en tu presencia inconfundible,
    durante esos momentos en los que el silencio
    me sitúa frente a mí, ante Ti…»

– Intento traducir en palabras esa consciencia que recorre el tejido profundo de las cosas. Pero ojalá fuera yo capaz de hacerlo en forma de música. (Teilhard de Chardin).

Acompañará su deseo estas notas de Claude Debussy: «Clair de lune».

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También en nuestra entrada «Dime quién eres», sobre el poema de Leopoldo Panero.

En comentario verán una oración a la Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu santo.

La Pascua de Cristo | Haití

«TRAS LA MUERTE, LA VIDA TAMBIÉN FLORECE»

¿Cómo definir bien la pobreza de un país tan pobre como Haití, el llanto de quien lo perdió todo? ¿Cómo atrapar la sed y el hambre, la insalubridad y el desespero que ensombrecen todo?

    Hay tanto sepulcro a nuestro alrededor, tanta muerte y desánimo, que cuesta creer en el triunfo de la VIDA. Hay tantas vendas que nos atan, que no es fácil salir de los sepulcros y caminar con Esperanza y Paz, la Paz de Cristo.

JESUCRISTO vive, su Vida y su Luz son definitivas, inagotables. Es la fe del creyente. El desánimo paraliza, el miedo enmudece. Pasado lo peor, los discípulos aseguran que es posible, será la PASCUA cristiana.

Es probable que NICODEMO encontrara a Jesús resucitado, cansados los dos y apesadumbrados. Todo cambió con su presencia.

    . . La PAZ contigo, amigo, gracias por tus desvelos y tus aromas generosas, tus consuelos allá en la cruz y cada día.
    . . Lo reconoció porque partió el pan. Para Nicodemo todo cambió, cantó y también resucitó, fue posible entonces nacer de nuevo.

Así describirá Letitia M.H. su experiencia en HAITI, semanas después de la catástrofe:

    “En la montaña de la tristeza, una Cruz tomaba forma entre las manos de los artistas cubanos y los niños. Dos maderas cruzadas llenas de flores, palomas y colores.
    . . Al triste compás de un blues de la trompeta de Yasek M. muchos llegaron hasta la fosa común. Allá donde antes reinó una cruz negra, ahora otra repleta de colores. Sí, sobre la muerte la VIDA también florece”.

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A. Vivaldi – GLORIA – 1 – The Sixteen

Bautismo de Espíritu, Nicodemo

«SERÁN BAUTIZADOS CON ESPÍRITU SANTO»

Conversar con Jesús de Nazaret en noche cerrada fue para el discípulo Nicodemo como un amanecer, un verdadero bautismo de luz y de vida.

Nicodemo preguntó a Jesús:
– ¿Cómo puede uno nacer de nuevo siendo ya viejo? ¿Entrará en el seno de su madre y volverá a nacer?
– Si no naces de nuevo del agua y del Espíritu, no entrarás en el Reino de Dios.
– Serán bautizados con Espíritu Santo, una fuerza para ser mis testigos, en todas las naciones. (san Juan c.3)

Pasados ya muchos inviernos, Nicodemo rezó así a cada una de las tres divinas personas:

+ PADRE, Creador y Señor nuestro, te hablaré como Jesús, con toda confianza. Eres Padre de todos, creación de vida. Gracias por llamarme a la existencia y por mis padres ya contigo en el cielo. Gracias por la belleza de la creación. Tus hijos preferidos serán el enfermo, la infancia y ancianos abandonados. Amarte y servirte será fuente de libertad y de alegría. Que yo conozca tu voluntad y te agrade en todo.

+ HIJO del Padre, Jesús mi Señor, deseo ser discípulo tuyo todos los días de mi vida. Necesito progresar en tu conocimiento y tu amistad. Que tu corazón y tus sentimientos sean ya los míos. Maestro, que yo prefiera como tú encarnación y cruz, pobreza y humildad. Que mi mayor alegría y mejor alimento sea llevar adelante el Reino. Toma, Señor, y recibe mi afecto y mi libertad, no permitas que nunca me separe de ti.

+ ESPIRITU SANTO, Luz y aliento interior, necesito nacer de nuevo. Configúrame con Cristo Jesús, cambia mi mente y mi corazón, ordena mi vida. Hazme dócil a tus inspiraciones y valiente en el testimonio. Que yo camine en la verdad, y no caiga en la tentación del orgullo ni adulación. Dame amor confianza con vosotros, amor fraterno entre nosotros, amor compasión con el que sufre. Quiero ser instrumento de paz, trabajador de comunión y de consuelo. Amén.

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* Imagen: “Icono de la Trinidad», Andrei Rublev, también llamado «La hospitalidad de Abraham». Data del siglo xv, ahora en la Galería Tetriakov de Moscú. Representa la visita a Abraham de los tres ángeles al encinar de Mambré (Génesis c.18). La mesa del patriarca se vuelve altar que une a las personas sagradas: el ángel del centro Cristo, los que lo rodean, dibujando la forma de un cáliz, el Padre y el Espíritu Santo. El icono recordará también los dos discípulos de Emaús a la mesa con Jesús, reconocido al partir el pan (Lucas c.24). No tanto un icono para ver como espectador, sino para contemplar y entrar, reposando uno mismo en la vida trinitaria que reposará en nosotros.

– Podrán ver aquí en pdf una recopilación de oraciones de Nicodemo a Jesús resucitado, «Orar con Nicodemo».

La oración de Cristo, ‘Padre mío’

    – Jesús se levantó de madrugada, y todavía muy oscuro marchó a un lugar solitario y allí se puso a orar. /san Marcos c.1

La oración será como un poema del amante al amado, un canto del corazón que puede ser alabanza y contento, súplica o lamento.

Orar es vivir la fe, vivirla enamorada, como la tradición pedirá al creyente.

    – Amarás al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu corazón. Al prójimo lo amarás como a ti mismo. /san Mateo c.22

Orar es relación, comunicar lo que uno es y vive, con el Señor en quien uno cree y a quien ama.

    – Tras la noche amanecerá el día luminoso, en silencio o largo monólogo, también escucha, alegría y descanso, a veces inquietud.

¿Cómo orar? ¿Cómo oraba Jesús? ¿Qué enseñó sobre la oración?

Parece que entre Dios y Jesús se dio una relación fluida y confiada que llamó la atención de los discípulos. Él se refiere a Dios como Padre, ‘Mi padre amado’.

    .. «Padre nuestro, sea santificado tu nombre»
    .. «Yo te bendigo, Padre, porque te diste a conocer a los sencillos»
    .. «Te doy gracias Padre, yo sé que siempre me escuchas»
    .. «Padre mío, no se haga lo que yo quiero sino lo que quieres tú»
    .. «Perdónales, Padre, porque no saben lo que hacen»
    .. «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu».

Los evangelios contienen algunos avisos sobre la oración:

a . No digan muchas palabras, pero que salgan del corazón. «Nada le pregunto, nada le pido, pero sé que me acompaña y está siempre conmigo», contó María, enferma de cáncer terminal.

b . Jesús apuesta por una relación cordial y verdadera, «Adoren a Dios en espíritu y en verdad», desde lo hondo de uno a la compasión por el otro.

c . Den gracias siempre, sean agradecidos. Qué tienes que no hayas recibido, no olvides que todo es don y gracia, para compartir.

d . Dios no oye ni habla al soberbio. La humildad, el corazón de pobre, consiguen vencer la distancia entre el cielo y la tierra. La humildad es ‘andar en la verdad’. Dios es humilde.

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Vean este ‘Padre nuestro’ de Nicodemo, que en la dificultad pudo orar así:

«Padre nuestro, padre de todos, padre del cielo, tú quieres sólo nuestro bien; cúmplase tu voluntad, tus mejores deseos, tu reino; que todos te conozcan, te quieran y bendigan.
. .Que de la casa no me aleje ni me pierda; sálvame señor, no dejes que de tu bondad dude ni desconfíe, que no caiga en la red del tentador.
. .Da a todos cada día su alimento, que perdonemos siempre como tú nos perdonas; de la noche del mal líbranos y de la muerte en sombras, danos de tu vida cada día y de tu aliento.»

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(1) Imagen: Paul Gauguin, Cristo en el Huerto de los Olivos, 1889.

La noche del huerto, difícil relación con el Padre en un incomprensible abandono y muerte cruel, sin duda fraternizando. El Rostro de Cristo es aflicción, silencio, y también confianza, ‘Sintió horror y angustia… ¡Padre mío, que sea lo que tú quieras!’, san Marcos c.14.

(2) Así en estos versos de Juan Ramón Jiménez, el deseo de hacer en todo la voluntad de Dios:

    Lo que vos queráis, Señor,
    sea lo que vos queráis.
    Si queréis que, entre las rosas ría
    hacia los matinales resplandores de la aurora,
    sea lo que vos queráis.

    Si queréis que entre los cardos sangre,
    hacia las insondables sombras de la noche eterna,
    sea lo que vos queráis.

    Gracias si queréis que mire,
    gracias si queréis cegarme,
    gracias por todo y por nada.
    Lo que vos queráis, Señor,
    sea lo que vos queráis.

(3) Podrán leer más del tema oración en «Como orar», eBook, pdf.
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Esta será también nuestra oración, ‘Tomad Señor y recibid’, semejante a la ofrenda de Jesús al Padre por nosotros… Música y fotos (Haití) de Isa Sola rjm.

El perdón de Cristo, san Pedro

    «El Amor perdona siempre,
    disculpa siempre, espera siempre,
    el Amor no falla nunca.»
    (1Corintios c.13)

En cierta ocasión el apóstol san Pedro dirigió al Maestro una pregunta difícil, que mereció una buena respuesta por parte de Jesús de Nazaret. Pedro conoció la disposición de Jesús a perdonar siempre:

    – Señor, ¿Cuántas veces tendré que perdonar las ofensas de mi hermano? ¿Hasta siete veces?
    – Jesús le contestó: No te digo siete, sino setenta veces siete.

# Más tarde el apóstol negará tres veces, dirá que no conoce a Jesús, que no tiene que ver con él. Pedro se acobardó y traicionó su amistad, tanto o más que Judas. Pedro lloró amargamente y se avergonzó de sí mismo.

– Jesús dijo: No he venido para juzgar y condenar, sino para salvar.
– Pedro tuvo su oportunidad junto al lago: Señor, tú sabes que te quiero.
– Judas desesperó, Pedro confió, no quiso morir de tanto dolor.

# Pedro recordó la escena con la mujer adúltera a punto de ser apedreada, vio cómo Jesús la protegió y la invitó a marchar en paz: Aunque todos te condenan, yo no te condeno, no temas, no peques más.

– Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen. Jesús desde la cruz pidió perdón para los soldados, disculpando.

# Pedro comprendió que nada estaba perdido, que Jesús ama y perdona siempre, tiene un gran corazón, no me rechazará, mas qué me pedirá.

– Pedro, ¿Tú me amas? ¿Me amas más que estos? ¿De verdad tú me quieres?
– Señor, tú sabes todo, tú sabes que te quiero.

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Así fue como Pedro aprendió a perdonar como había sido perdonado, generosamente. El perdón de Jesús de Nazaret lo curó y rehabilitó, le enseñó a ser misericordioso con todos.

(En comentario un texto de San Ambrosio sobre la mirada de Cristo a Pedro)

«Padre nuestro, perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos»
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Cuentan que Nicodemo, un discípulo de última hora, al enterarse de lo sucedido, rezó así:

– Tú no quieres, Señor, la culpa ni el abismo del resentido, no quieres ver rechazado a Pedro ni malherido; tú quieres el abrazo y la fiesta del perdón.
– Jesús, háblame y viviré, será como nacer de nuevo; mírame y sanaré, tu mirada me basta, tú sabes que yo también te quiero.

En sintonía con el apóstol Pedro, recordaré la súplica para recibir la gracia de la paz de Cristo:

    + SEÑOR JESÚS, dame la paz, tu paz será mi descanso; tú eres mi paz, tu amistad y compañía. Si tengo tu paz confío y nada temo, porque tú vas conmigo.
    + Eres brisa ligera que serena, agua fresca que calma mi sed, voz que apacigua las tormentas. Tu paz es amor que abraza y reconforta, amor que perdona y siempre disculpa. Ven Señor Jesús.

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– Imagen: «Cristo y Menas», icono bizantino, siglo vi, Egipto. ‘Jesús y su amigo’, Jesús con el Abad Menas. El Rostro de Cristo expresa la satisfacción y la alegría por la fiesta del reencuentro.

– Vean de Luis de Góngora (+1627), ilustre poeta cordobés, este soneto que fue sincera confesión del propio pecado y del perdón divino, en ambiente de intimidad y gran confianza:

«Pequé, Señor; mas no porque he pecado
de tu amor y clemencia me despido;
temo, según mis culpas, ser perdido,
y espero en tu bondad ser perdonado.

Recélome, según me has esperado,
ser por mi ingratitud aborrecido,
y hace mi pecado más crecido
el ser tan digno tú de ser amado.

Si no fuera por ti, de mí, ¿qué fuera?
Y a mí mismo de mí, ¿quién me librara
si tu gracia la mano no me diera?

Mas ¡ay! A no ser yo, ¿quién no te amara?
Y si no fueras tú, ¿quién me sufriera?
Y a ti, sin ti, mi Dios, ¿quién me llevara?»

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Vean otros temas de evangelio en «El Rostro de Cristo», y también en «Jesucristo», eBook, pdf.

Aquí podrán descargar varios eBooks de nicodemoblog con sus enlaces: EBOOKS_LINKS.
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Rema Adentro – Musica Católica


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Mª Magdalena -17 / Cerca del crucificado

María Magdalena recuerda escenas y personajes de la Pasión de Cristo en Jerusalén, de su rechazo y muerte: «La luz vino al mundo y todos prefirieron la oscuridad a la luz». Ella desea destacar que entre Jesús y sus discípulos creció una amistad y una fidelidad mutuas a toda prueba, como pudo comprobarse en los momentos más difíciles. Sus más incondicionales discípulos y seguidoras no abandonarán nunca del todo al Maestro, a pesar de las apariencias, dando la cara y exponiendo su vida por él.

«MARIA MAGDALENA»

17.- CERCA DEL CRUCIFICADO

+ Vecinos de Jericó y de otras aldeas cercanas a Jerusalén estuvieron ese día con nosotros, incluso en los círculos más próximos al gran Maestro. Muchos llegarán hasta Galilea buscando a Jesús, y para acompañarnos en nuestra pena y espera. Serán los que no olvidaron y creyeron viendo su cuerpo y su rostro ensangrentados, los discípulos de la última hora, los que oyeron su voz y sus palabras cerca de la cruz.

Me refiero a aquellos mismos que fijaron atentamente la mirada en el corazón del Nazareno tan abierto que solo amaba y perdonaba, deslumbrados en verdad por ese manantial de salvación.

Fueron los que allí mismo al pie reconocieron sin temor que el hombre clavado en aquella cruz, Jesús de Nazaret, era en verdad Hijo de Dios.

Alguno de los viajeros fue guardia en la milicia del gobernador romano, otros del cuerpo vigilante en lugares de tortura y ejecuciones. Nadie sabía con seguridad quiénes de ellos creyeron y confesaron que Jesús era el Justo de Dios. Era pronto para manifestar abiertamente la gran iluminación recibida en aquellas horas de tanta oscuridad.

+ En la mañana al amanecer encontré a José de Arimatea cerca de Jesús, uno de los amigos de nuestro Señor que conocí en Jerusalén junto a la cruz. De gran altura y fortaleza, creímos soñar viéndole como un ángel por su figura y juventud, un príncipe por sus ricas y luminosas vestiduras.

Parece que aún le vea en aquel atardecer de tinieblas, contorsionado y largo rato encaramado al madero, con aquel cuerpo tan llagado pegado al suyo, desclavando con gran cuidado sus manos santas, abrazado sin temor al ajusticiado, entornando los ojos abatidos del gran Maestro mientras acariciaba con amor su rostro ya apagado.

Yo misma al pie de la cruz contemplaba y asentía, mientras la dolorosa Madre con los brazos abiertos hacia el cielo esperaba.

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En pie abrazados
junto a la cruz abrazando
el madero, sus llagas y sus pies custodiando
los amigos en pie
allí clavados amando
en sangre purificados
perdonados perdonando.

Este joven rico y valiente discípulo será conocido entre nosotros como José el de la cruz. Todos sentíamos por él un gran aprecio y veneración, yo especialmente. Se contó que el de Arimatea había conocido a Jesús un día en el camino ofreciéndose como discípulo, pero que atemorizado en aquel entonces por los riesgos y la exigencia del mensaje, no le siguió aún abiertamente.

Aseguraron haberles visto conversar con cierta frecuencia. Entre discípulo anónimo y maestro galileo debió crecer una inolvidable amistad, desconocida para muchos, bien visible para todos aquel día junto a la cruz.

Cuentan que José fue uno de los primeros en conocer la gran noticia, recibiendo al maestro recién transfigurado en su propia casa de Arimatea. Sin duda nuestro Señor quiso consolar y corresponder tanto desvelo junto a la cruz y en el sepulcro.

+ También quiero contarles lo que ocurrió en Jerusalén con Simón, el joven campesino de Cirene, que fue obligado por los guardias a llevar la cruz con Jesús, ayudando al Galileo a caminar con una carga tan pesada.

Este hombre bueno no pudo recuperarse ya del impacto tan fuerte que allí sufrió. Yo mismo fui testigo de lo que digo.

Después de su obligado trabajo, Simón no consintió en dejar solo a Jesús sin ayuda y compañía. Debió ser empujado a retirarse amenazado por la milicia que quiso golpearle también a él si no desapareciera.

El joven Cireneo sintió muy adentro la mirada amiga del Maestro agradecido, fue tan grande el estremecimiento que padeció al presenciar tanto tormento, que en adelante le vieron como trastornado.

Pocos años más tarde enfermó agonizando él mismo entre súplicas, sollozos y pesadillas. Según cuentan murió en paz abrazado con todas sus fuerzas a unos pequeños maderos en forma de cruz que encargaron hacer para ver de consolarlo.

Parece cierto por lo que sé que una de las hermanas del de Cirene, la que cuidó de él y acompañó en su enfermedad y agonía, se unió pronto a las mujeres que servían en el grupo de creyentes de Jerusalén. En su nuevo oficio se ocupaba de consolar a los enfermos y los atormentados, también de acompañar a los sentenciados a muerte y los ajusticiados.

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– Ecce Homo, L. Morales.
– Descendimiento de la Cruz, de Peter P. Rubens (+1640). Grupo de discípulos desclavando el cuerpo ya muerto del Cristo, el discípulo amado y Nicodemo, José de Arimatea, la madre de Jesús y la Magdalena.
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Pequeño comentario aquí de las SIETE PALABRAS de Cristo desde la Cruz.

Verán también unos versos de Dened Casañas, amiga fallecida meses atrás en La Habana. Descanse en Paz. Sus versos bien pudieran expresar los sentimientos y la oración de María Magdalena junto a la cruz.

Hoy quiero ser la cruz que abraza tu cuerpo
o abrazada por ti llegar a ser trono de salvación.
Hoy quiero ser la gota de sangre que de tu costado sale
y mañana ser el vino que a todos alimente en la comunión.
Hoy quiero ser el agua que brota de tu costado
y dar de beber a todo el que tenga sed de ti.
Hoy quiero ser el suspiro en la cruz
para mañana ser tu primera palabra.
Hoy quiero ser el perfume que embalsame tu cuerpo,
para ser la fragancia que despierte contigo
el día de la resurrección
.

– En comentarios verán un largo testimonio de las tradiciones y leyendas en torno a San José de Arimatea, cuya fiesta se celebra el 17 de marzo.

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Quién fue Nicodemo

Nicodemo fue un personaje del 4º Evangelio. Los textos dirán que Nicodemo el fariseo pasó alguna noche en Jerusalén conversando con Jesús de Nazaret con muchas preguntas que hacerle.

El encuentro será de noche por miedo a ser visto, pues el fariseo no quiso ser espiado ni interrumpido. Buscando la luz, se cuenta que pidió a María Magdalena que le presentara a Jesús.

Recordaré el texto del encuentro entre Nicodemo y Jesús, con la opinión inmejorable que el fariseo tuvo del maestro de Galilea:

    – Entre los fariseos uno llamado Nicodemo fue una noche a ver a Jesús: ‘Maestro, Dios te ha enviado para enseñarnos, nadie hará los milagros que tú haces si Dios no está con él’. (s Juan c.3)

    (Imagen: ‘Cristo Todopoderoso’, A. Rublev, icono ruso, s. xv)

Y en el apócrifo ‘Evangelio de Nicodemo’, donde salió en defensa de Jesús:

    – Nicodemo se acercó al gobernador: ‘¿Qué queja o agravio tienen contra este hombre? Déjenlo, no le causen mal alguno, no merece la muerte’.

En la imagen verán la ‘Pietà del Duomo’ de Miguel Ángel Buonarroti. Nicodemo, un autorretrato del artista, llevando en brazos al Cristo muerto, el descendimiento de la cruz.

    – Llegó Nicodemo con cien libras de mirra y de áloe. Se llevaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en lienzos con aromas, como acostumbran a sepultar.

Escritos con otro fin, unos versos de Miguel Ángel acompañarán aquí su escultura de la ‘Pietà’:

    Si en el rostro por los ojos el corazón se ve,
    otro signo no habrá más evidente de mi fuego;
    así es que baste ello, mi señor querido, para pedir merced;
    así yo tenga, y no por mi mérito,
    al deseado y dulce señor mío
    siempre entre mis brazos, prontos e indignos.

Nicodemo formó parte del grupo de sacerdotes y fariseos dirigentes, aunque en desacuerdo con ellos, fue crítico con todo lo del Templo, inciensos y mercados. Solo Jesús le convenció, su modo de hablar y de vivir.

Observando muchas personas hambrientas y enfermas, le hablaron de Jesús compasivo, que curaba y bendecía.

El Maestro Jesús le comentó que para comprender deberá ‘nacer de nuevo’, y Nicodemo dijo sí.

Más tarde dará la cara, ayudó a bajar de la cruz y a sepultar el cadáver del Nazareno. Manifestó así ser su discípulo, y quedará excluido del Templo.

Este pudo ser el ‘Padre nuestro’ de Nicodemo. .

    . . PADRE NUESTRO, padre de todos, padre del cielo, tú quieres sólo nuestro bien; cúmplase tu voluntad, tus mejores deseos, tu reino; que todos te conozcan, te quieran y bendigan.
    . . Que de la casa no me aleje ni me pierda; sálvame señor, no dejes que de tu bondad dude ni desconfíe, que no caiga en la red del tentador.
    . . Da a todos cada día su alimento, que perdonemos siempre como tú nos perdonas; de la noche del mal líbranos y de la muerte en sombras, danos de tu vida cada día y de tu aliento.

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(a) En comentario el poema del cubano Cintio Vitier, «Palabras de Nicodemo».

(b) Aquí la entrada con el diálogo en la noche entre Nicodemo y Jesús, «Conversación en el templo».

(c) Oraciones de Nicodemo con Jesús resucitado, «Orar con Nicodemo», pdf.

(d) También en el post «Carta de Nicodemo a Jesús», donde el fariseo agradecido cuenta lo importante que fue para él su encuentro con Jesús.

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Jesucristo, Palabra del Padre,
luz eterna de todo creyente:
ven y escucha la súplica ardiente,
ven, Señor, porque ya se hace tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas,
en tu amor tú quisiste ayudarlo
y trajiste, viniendo a la tierra,
esa vida que puede salvarlo.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria,
que podamos salir a tu encuentro
y a tu lado vivamos por siempre,
dando gracias al Padre en el reino.

–Antonio Alcalde

Mª Magdalena -14 / Un amor nuevo

La TERCERA y última serie de relatos nos cuenta recuerdos de la Magdalena en diferentes momentos finales de la vida de Jesús de Nazaret, cerca del crucificado y hasta que marchó al cielo. Historias apócrifas y piadosas como tantas otras. En esta ocasión la mujer nos ofrece su propia versión de lo sucedido, suplicando consideremos con benevolencia sus sentimientos. Ella quiere aportar su parte de luz.

María Magdalena denuncia la incomprensión y burla que vivieron tanto el Galileo como ella misma, y nos recuerda cuánto le costó creer de verdad en Jesucristo por su gran desespero tras la crucifixión. Muchos sólo pudieron sobrevivir a la larga crisis gracias al amparo que unos a otros se dispensaron.

«MARIA MAGDALENA»

14.- UN AMOR NUEVO

+ Pocas semanas antes del final de su vida me acerqué más al maestro Jesús en Jericó y en Betania, muy próximos a Jerusalén. Esos últimos días yo caminé muy pegada a él hablándole de otro modo, también sintiendo su presencia y su palabra con otro ánimo y otros deseos.

Brotó en mí un afán desmedido por abrirle de par en par las puertas y ventanas de mi alma. Quise mostrarle mi amor y mi entrega total a él, que su misericordia me cambió por entero. Que mi vida le pertenecía porque a él se la debía. Quise darle a entender que su presencia y su mirada amiga me rehabilitaron, lo mismo que a muchos que lo seguían y buscaron su ayuda y comprensión.

Más tarde comprendí que mis gestos excesivos con el gran maestro y mi interés desmesurado por él fueron incomprendidos y criticados por muchos, dando lugar a habladurías y leyendas fáciles de contar.

rubens-ctoencasade simon fariseo

+ Desgraciados por el pesado yugo de la ley, hipócritas de mente maliciosa al imaginar el pecado ajeno, cargados como estaban de prejuicios morales y religiosos, prefirieron ignorar la sabiduría del amor verdadero, sólo interesados en juzgar y condenar al que era o sentía diferente. Murmuraban así llenos de su propio saber:

– ‘Si éste fuera el Cristo de Dios o profeta de verdad sabría qué clase de mujer lo está tocando’.

No acertaron a comprender, porque es oculto, el sufrimiento de un corazón roto, poco a poco recompuesto gracias al amor nuevo, generoso y limpio, como el que Jesús de Nazaret a todos nos comunicaba.

He de confesarles que fue después de los sucesos de Jerusalén cuando en verdad me interesé por el gran maestro crucificado y arrebatado de mi lado. Aquellos días y semanas interminables conversé con mucha gente que lo conoció y apreció mucho. Yo pregunté a unos y otros, protesté cuanto pude por lo sucedido, quise pedir explicaciones, pobre de mí, loca por su muerte tan cruel.

Es verdad que no aguardé de inmediato fruto ninguno de aquel grano de trigo tan rico y fecundo echado por tierra y enterrado. Sólo estuve interesada en verlo de nuevo. Notaba que ese hombre Jesús dejó en mí una huella mayor de lo que yo podía confesar, y que esa huella, convertida ya en abierta herida, dolía y sangraba sin cesar: ‘Mi señor, quiero amarte siempre, no dejarte nunca’.

+ El trato más familiar con María de Nazaret, la madre de Jesús, me ayudó en gran manera durante aquellos días de tanta oscuridad y pena. Ella estuvo siempre acompañada por el apóstol Juan tan querido de nuestro señor, por su hermana menor y otros parientes juntados a ella en esos días.

En la mirada tan serena y en la cálida voz de la madre era fácil adivinar su fe y su gran corazón. Todos confesaron su sospecha: que María conocía de primera mano el sentido y trascendencia de cuanto estábamos viviendo, que entre madre e hijo existió una íntima complicidad de la que muchos hablaban pero que nadie explicó.

Yo puedo asegurarles que los discípulos sentían por la madre de Jesús una gran veneración, aun habiéndola tratado en pocas ocasiones. Después de la muerte y de la marcha del señor a los cielos, algunas personas no quisieron ya separarse de ella, como si también ellos escucharan en el monte de la cruz aquellas misteriosas palabras: «Juan, ahí tienes a tu madre».

Con todos ellos conviví y conversé cuantos días y noches permanecimos ocultos por temor y duelo en la casa que Juan el más joven de los discípulos tomó prestada en las afueras de la Ciudad. Este discípulo era muy respetado por los jefes de Jerusalen y por alguno de los que juzgaron a Jesús Galileo, probablemente por su amistad con Nicodemo, maestro fariseo más tarde discípulo.

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Cristo en casa de Simón, Peter P. Rubens. Se percibe un ambiente recargado y tenso, los rostros afeados de jueces y espectadores, mas la belleza angelical en los sirvientes, en el rostro de Jesús y en la mujer, que muestra todo su amor y agradecimiento.

– Via crucis iv, mosaico, La madre.

El Rostro de Cristo

    «El aspecto de su rostro cambió, y sus vestidos se volvieron resplandecientes» (san Marcos c.9)

    – En el rostro transfigurado de Jesús brilló un rayo de la luz divina de su interior. Esa misma luz resplandecerá en el rostro de Cristo el día de su Resurrección. La Transfiguración anticipó el misterio Pascual. (Benedicto xvi)

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* La Transfiguración, Fra Angelico

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La tradición occidental identifica como verdadero Rostro la huella de Cristo en la tela que secó su cara camino del Calvario; en el evangelio apócrifo de Nicodemo fue Verónica, la mujer del flujo de sangre.

Varias Iglesias dijeron poseer la imagen del Rostro de Cristo. Cuenta la ‘Leyenda Aurea’ que el emperador Tiberio se curó al ver la imagen que llevó a Roma la Verónica. Verán detalles en comentario.

Según el Oriente cristiano, la auténtica Santa Faz es el ‘Mandylion’ de Edesa, retrato enviado para curar al rey Abgar. La Santa Faz de Yaroslavl, aquí en la imagen.

Jesucristo es el icono, la imagen del Dios invisible, que presentó rostros diversos:

    . . El apacible rostro de Jesús,
    en el monte de Bienaventuranzas.
    . . Su rostro transfigurado,
    que brillaba como el sol.
    . . El rostro desfigurado por el dolor,
    bajado de la cruz.
    . . Su rostro de hombre nuevo resucitado,
    reconocido «al partir el pan».

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* La Santa Faz, Icono ruso, s xiii, Yaroslavl (Rusia). Los ojos grandes darán magnetismo al rostro; la nariz, la boca pequeña y cerrada, silencio y fuerza interior.

= En Comentarios verán más detalles y antiguas tradiciones.

= Más sobre el tema en eBook, pdf, «El Rostro de Cristo», y en «Jesucristo».
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El canto acompañará nuestra meditación, atentos a la grandeza de la persona y el mensaje de Cristo:

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En la fiesta de la Transfiguración del Señor, vean aquí la Homilía del Papa Francisco en Lisboa, con nuestro subrayado, en la Misa final de la Jornada Mundial de la Juventud, agosto 2023: HOMILIA_JMJ.