Jesús de Nazaret y los pecadores


A la vista de algunas noticias
, me pregunté cómo hizo Jesús con los pecadores de su tiempo, los arrepentidos, no los endurecidos. Ante Zaqueo Jesús de Nazaret quiso conversar y comer juntos; con la Samaritana la animó y propuso soluciones; ante la mujer adúltera, humillada y a punto de ser apedreada, le ofreció cobijo y cambio; con la pecadora a sus pies arrepentida, la bendijo y disculpó ante sus hipócritas acusadores; de Pedro que lo negó solo quiso saber si seguía siendo su amigo; al ladrón, desde la cruz, le regaló el paraiso.

    «Jesús reaccionó ante la debilidad y el pecado solidarizando, curando y perdonando. Nos mostró así cómo es nuestro Dios. El no vino para juzgar y condenar, sino para comprender y salvar. Siempre buscando lo que se hallaba perdido y excluido»

En los evangelios puedes encontrar de todo para justificar casi todo, pero nos interesa la novedad que trae Jesús de Nazaret para esta Alianza nueva, otro modo de tratar los problemas y las personas, un modo nuevo de entender a Dios, y apostó fuerte por la misericordia sin límites.

Ante el pecado, Jesús lo rechaza; ante el pecador, Jesús lo disculpa y abraza, pero no acusa ni delata, nunca lo humillará ante los demás. Solo le mueve el amor, su deseo será ayudar y salvar, levantar, curar heridas, nunca quiso herir. El padre del pródigo no hará preguntas ni pondrá condiciones, lo abrazó y lo revistió de hombre nuevo, resucitado, «estuvo muerto y ahora vive».

Con este soneto luminoso, imaginarás a los perdedores, también de nuestro tiempo : las parábolas del Buen pastor que busca triste a su oveja perdida; el hombre abandonado que el Samaritano tomó en brazos; el dolor del Padre por el hijo perdido, y su alegría por el reencuentro.

    Cuando vuelto hacia ti de mi pecado
    iba pensando en confesar sincero
    el dolor desgarrado y verdadero
    del delito de haberte abandonado.

    . . Cuando pobre me volví a ti humillado
    me ofrecí como inmundo pordiosero;
    cuando, temiendo tu mirar severo
    bajé los ojos, me sentí abrazado.

    . . Sentí mis labios por tu amor sellados
    y ahogarse entre tus lágrimas divinas
    la triste confesión de mis pecados.

    . . Se llenó mi alma de luces matutinas
    y, viendo ya mis males perdonados
    quise para mi frente tus espinas.

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–Imagen: El hijo pródigo, Antoine Knibily, artista y sacerdote en Chile donde andará por cárceles, basurales y casas de menores.
–Soneto: autor desconocido
–Cf. Comentarios en «Hablando, al hilo del evangelio», pdf, eBook, 154 pg.

–Vean este post sobre el proceder de Dios con nosotros, que somos pecadores, «Espera y confia, no al infierno».
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Mi Paz les Dejo – El Evangelio desde Sión


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